|
||||||||
FRANCISCO FAIG
El discurso de asunción de Mujica en el Parlamento fue excepcional. Acostumbrados como estamos a la improvisación y a las expresiones polisémicas de nuestro presidente, la gravedad de la hora y el sentido de la responsabilidad, seguramente, lo obligaron a recurrir a la certeza de lo escrito. Y el mensaje fue bueno.
Reconocer el valor de la vieja construcción colectiva democrática nacional, y el importante papel que jugaron los partidos tradicionales en ella, es, para un tupamaro, un ejercicio de sinceramiento histórico. Reafirmar el camino de los cambios graduales y consensuados en el marco de las discrepancias plurales, que alejen toda ruptura institucional o tentación revolucionaria, significa la aceptación tácita del horror al que condujo el movimiento tupamaro en los años sesenta.
La perspectiva trazada en torno a los temas de Estado que precisan de un consenso nacional es positiva. En particular el énfasis puesto en la educación abre una esperanza de que, efectivamente, el presidente Mujica haga entender a los suyos que ya es tiempo de que el país deje de estar de rehén de las corporaciones educativas vinculadas a la izquierda.
La gran incógnita sigue siendo si el discurso de Mujica, tan alejado de la norma frenteamplista, podrá traducirse en hechos concretos.
Si en verdad el presidente tendrá el apoyo político suficiente en su interna como para llevar adelante cambios que, definitivamente, no son los que está esperando "la barra", en el comité de base y en la sede sindical.
En este escenario tan frágil para el presidente importa darle tiempo. Es claro que la construcción de consensos precisa de un talante liberal y tolerante que no siempre se encuentra en el Frente Amplio. Alcanza con recordar los insultos de los simpatizantes de izquierda a los ex presidentes Lacalle y Sanguinetti en la Plaza Independencia para calibrar la miseria humana y el odio en el que se forjaron centenares de militantes en estos años.
El Mujica conciliador del discurso del Parlamento es pues, un hombre (casi) solo en su partido.
Desde los partidos de oposición la búsqueda sincera de acuerdos esenciales no puede amilanarse por el grito feroz de la izquierda sesentista. Enfrentar los intereses corporativos de los funcionarios del Estado debe ser prioridad de todos. Reformar la educación en un sentido distinto del que se procesa actualmente, también. Rodear y apoyar al presidente siempre que en los próximos meses avance con decisión en estos temas, es una obligación nacional que ningún cálculo político menor puede menoscabar. Porque más temprano que tarde, si realmente va en serio, Mujica estará aislado y será muy criticado por sus bases políticas y sindicales.
Estos años pueden insertar al Uruguay en el mundo con mayor crecimiento y bienestar. O nos puede hundir en el quietismo de un presidente agobiado y sin respaldo, que termine cediendo incluso, a la pulsión populista de su izquierda.
Por el bien del país, es mejor que su agenda reformista anunciada en el Parlamento no fracase. El tiempo dirá.










"Nivel elevado de materia fecal". Eso fue lo que revelaron los análisis de laboratorio de las aguas frente al balneario ...
Dos personas que llegaron a Punta del Este desde el Interior del país resolvieron instalar una carpa para vivir en el bosque ...
Un campus de 550.000 metros cuadrados construidos en 33 hectáreas fue diseñado por los arquitectos Carlos Ott y Carlos Ponce De ...
La Justicia sigue sumando testimonios que comprometen al ex intendente Mariano Arana en el caso de las pérdidas en los casinos de ...
Caos, forcejeos y confusión fue lo que hubo ayer en la puerta del liceo 14, que se desbordó de gente de todas las edades buscando ...