WASHINGTON | EL PAÍS DE MADRID Y AFP
Estados Unidos libra en Marjah la que espera que sea la batalla decisiva en la guerra de Afganistán, una batalla que se anticipa difícil, con muchas bajas de parte de las fuerzas de la OTAN, y larga, de no menos de un año de duración, pero que también es la última oportunidad de dejar un gobierno relativamente estable en ese país y de impedir el resurgimiento de Al Qaeda, según han advertido diversos funcionarios civiles y militares de la Administración norteamericana.
El avance de los marines en Marjah se hace mucho más costoso de lo que se preveía al comienzo de la ofensiva, el pasado 13 de febrero. Los contraataques talibanes, aunque esporádicos, impiden que la OTAN pueda dar por aseguradas determinadas zonas para empezar a establecer en ellas una presencia civil. La colaboración de las tropas afganas es menos eficaz de lo necesario, lo que complica la posibilidad de traspasarles la responsabilidad en las áreas reconquistadas.
El general David Petraeus, jefe del Comando Central de Estados Unidos ha pronosticado que todavía es necesario mucho trabajo en Afganistán. "Esto es sólo el inicio de lo que será una operación de 12 a 18 meses de campaña", declaró. Esa larga duración irá probablemente unida a una larga lista de muertos, lo que podría poner en peligro a medio plazo la colaboración de algunos de los países de la OTAN.
Estados Unidos alcanzó ayer la cifra de 1.000 soldados muertos. Sólo en lo que va del año este país ha perdido ya cerca de 60 hombres. La cifra de 316 muertes de estadounidenses en 2009 fue el doble de la de 2008.
En las provincias de Kandahar y Helmand -donde Estados Unidos, la OTAN y las fuerzas afganas luchan actualmente contra los talibanes- se produjo el número más alto de bajas estadounidenses y de la coalición en toda la guerra.
Estrategia tras ataque
Richard Holbrooke, el enviado especial del Departamento de Estado para Afganistán, manifestó que, si el avance militar prosigue al ritmo actual, antes de un año habrá en el país un millar de civiles norteamericanos trabajando en las necesidades más inmediatas de la población: luz eléctrica, agua corriente, escuelas. Mientras la ofensiva se desarrolla, Holbrooke es el encargado de lidiar con dos de los ingredientes más delicados de la estrategia: la colaboración de Pakistán y la rehabilitación del presidente afgano, Hamid Karzai.
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