MATÍAS CASTRO
En Malawi parece no haber demasiado espacio para el lujo y el glamour de las celebridades de ninguna parte del mundo. Sin embargo hay ciertos vínculos, como ocurre con otros países de África, gracias al tan discutido tema de la caridad. Discutido porque la magnificación de emociones que los dramas africanos producen en algunas estrellas anglosajonas y multimillonarias huele un poco raro para ciertos críticos. En todo caso, la relación de Madonna con Malawi es lo que parece tener un tufillo extraño.
Días atrás se supo que la instalación de una escuela financiada por Madonna en ese país podría traer varios inconvenientes a algunos de sus habitantes. La revista US Magazine publicó que el gobierno de ese país pidió a unas 200 personas que abandonasen sus hogares para construir allí la escuela. No se aclara qué ocurrirá con esas personas, pero tratándose de un proyecto de beneficencia se supone que se les dará un albergue alternativo.
La noticia no cayó muy bien entre medios que son críticos, o que al menos miran con suspicacia las acciones de Madonna y su fundación en el lugar. De acuerdo a una nota publicada el año pasado por una periodista británica, que viajó hasta el país para informarse de primera mano sobre lo que la diva hacía, los planes solidarios que financia Madonna, y que apuntan directamente a los niños huérfanos, tiene un fin evangelizador. Pero no en un sentido católico, sino para difundir la Cábala, sistema de creencias que ella sostiene y promulga por donde va. Es decir, la ayuda en este caso iría de la mano de la condición de la difusión religiosa.
Está de más decir que el enredo de las acciones solidarias de ayuda social, los fines religiosos supuestamente ocultos, y las vanidades que puedan florecer en medio de tanta dádiva, han aumentado las críticas. Madonna ya ha intentado adoptar dos veces en ese país, y solo en una ocasión tuvo éxito. Ahora muchos podrán decir que adoptará a cientos de niños de un plumazo.
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