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Julia Rodriguez Larreta


La otra orilla

La huella de Kirchner

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Julia Rodríguez Larreta

Difícil decir algo que no haya sido dicho ya. Igualmente difícil no hablar de ello; de la súbita muerte de Néstor Kirchner. La fulminante desaparición de este personaje de la historia argentina, ha golpeado con la fuerza de un tsunami y sobre el repliegue del maremoto, se abren un sinfín de dudas, interrogantes, pronósticos y vaticinios de diferente índole. Es que no murió un ex presidente, sino alguien con la particularidad de haber sido reconocido y aceptado como un presidente en ejercicio. Prueba está, que su velatorio no se realizó en el Congreso según el protocolo, sino en la Casa Rosada. Alguien que a su vez, ejercía de ministro de Economía, de Obras Públicas, de Relaciones Exteriores, de director del Banco Central, de gobernador, de intendente, de jefe de bancada, de presidente del Consejo Nacional del P.J. Era el gran operador político del oficialismo y el creador de un entorno áulico de dirigentes, políticos, sindicalistas, empresarios y medios de prensa considerados de la casa.

Y así como vivió murió. En la actitud del todo o nada que lo caracterizaba y que hizo de su largo pasaje por el poder político, desde Santa Cruz hasta la presidencia de la República, una lucha frontal en la cual habían solo amigos o enemigos. Era blanco o negro. Los recursos del estado cosa propia y el que no se avenga a los mandatos de arriba, se destruye.

El desaparecido Kirchner, de solo 60 años, una edad considerada joven en estos tiempos, era dueño de una personalidad tan vehemente como trabajadora y es honesto reconocerle una impresionante capacidad para dar vuelta la situación en la que se encontraba al hacerse cargo de la presidencia.

Llevado al triunfo con el espaldarazo de Duhalde, con un bajo respaldo electoral por detrás suyo y con un país que se encontraba saliendo de una crisis política y financiera que hizo explosión en el 2001, supo aprovechar lo primero y transformar lo segundo con mayúscula habilidad.

Con esos rasgos y con una salud que ya había dado muestras de no ser del mismo hierro que su temperamento, no es demasiado sorprendente lo ocurrido.

Máxime cuando un enamorado del poder tiene sobrada inteligencia como para detectar los variados síntomas que no condicen con sus ambiciones presidenciales. Como una constante caída de la popularidad, distintos signos de rebeldía en sus aliados, (mal que les pesara) y los riesgos potenciales que se vislumbran por el lado económico, a pesar del elevado nivel y el suculento maná proveniente de los precios de los commodities. Su apuesta a una constante tonificación artificial del consumo, como estrategia para congraciarse con el ánimo de los votantes, no resultó gratis. El avance de la inflación, que castiga a la gente sin discriminar a quien, (más del 25%) no se detiene con solo manipular los índices del instituto de estadísticas, como se acostumbró hacer desde que fue destruida su idoneidad.

De aquí en adelante será Cristina, ella sola, quien tendrá que lidiar con la coyuntura, la decisiones y la orientación del gobierno. Y no solo eso, sino con la conducción y las transacciones políticas, en un escenario sumamente complejo, plagado de ambiciones y apetitos personales dentro de su entorno.

Que pasará con el kirchnerismo sin Kirchner, es la gran pregunta, aunque la viuda, en este caso, es muy distinta a la del Perón del último gobierno. ¿Que pasará con el creciente poderío de un Moyano, no únicamente fuerte dirigente sindical, sino titular del justicialismo en la provincia de Buenos Aires? ¿O con el omnipresente De Vido o el gobernador Scioli, cuya mansedumbre ante el tiránico Kirchner, paradojalmente lo ha colocado en el lugar de quien podría ser el más apto para convocar a la reunión de las huestes?

Y la dispersa oposición, que en el momento del shock se ha mostrado con una prudencia mayor, cuidadosamente revestida de grandeza, en sus generosos comentarios, se encuentra de pronto, sin el enemigo número uno contra el cual lucía más factible y convocante, el unirse para dar la pelea en el 2011.