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RODOLFO SIENRA ROOSEN
Entraron en fase de reflexión -por ahora- pero dejaron secuelas. Así, como las objeciones se fundamentaron en el pudor de no desconocer pronunciamientos del electorado convocado en 1989 y 2009 en virtud de los cuales el primero rechazó el referéndum interpuesto contra la ley de Caducidad, y en el segundo no tuvo mayoría la propuesta de reformar la Constitución para producir el efecto despampanante de hacer desaparecer sus normas del Derecho positivo, Michelini sacó una carta de la manga y propuso en síntesis: que el Senado votara la ley "interpretativa" y entonces, o por norma aditiva o por pacto de caballeros, todos los Senadores saldrían a recoger firmas para promover un referéndum en su contra y estar a lo que decida el soberano. Sinuoso ¿no?
Ya no saben qué inventar. Se le estaría pidiendo al pueblo que ya decidió dos veces, que decida por tercera vez el destino de la Ley con una propuesta jurídicamente macarrónica. Pero además se le pediría a los senadores disidentes que se niegan a votar la ley interpretativa, que sí, que la voten, para después ver si quienes ya decidieron, una cosa, deciden la otra.
Es un pase de magia negra, porque el tránsito por semejante vericueto procesal tiene mucho de invocación a los extraños poderes del más allá, detrás de un mecanismo pretendidamente novedoso para satisfacer una finalidad ya cumplida, ejecutada, y lógica y jurídicamente imposible de revertir.
Pero eso no es todo. Acaba de conocerse otra sentencia de la Suprema Corte de Justicia declarando inconstitucional la Ley de Caducidad que quizá le dé ínfulas a estos desesperados por algo -quisiéramos saber por qué- para seguir distrayendo la atención de la gente de lo que le interesa al país. Esa sentencia, en un sistema de jurisprudencia libre como el nuestro, no aporta nada. La misma Corte, con otra integración, antes se pronunció en sentido contrario, y ésta de hoy puede cambiar de criterio, y la de mañana, también podría volver al criterio original. Las sentencias no cambian la voluntad del soberano.
Y para terminar, si los tratados internacionales, que tienen rango de ley, contradicen leyes de derecho interno, el conflicto lo tiene que decidir el Poder Judicial, no el Legislativo. ¿Habrá entendido el canciller Almagro qué fue quien provocó la rebelión en la granja?
Tiene razón Larrañaga, "vamos a dejarnos de embromar". Y también Mujica, que con otras palabras, dijo lo mismo. Hay que atender a los problemas que importan, a la seguridad, la educación, a la inflación que la tienen ahí nomás, a las ocupaciones de empresas, a todo lo que ya está y a lo que se viene, que no es poco.
En el fondo es una lástima, porque el asunto se ponía cada vez más divertido. Se desprestigiaron, y todos los días perdían además de la vergüenza, paladas de votos.









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