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Enrique Beltrán


Desde el recodo

Luces y sombras

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Enrique Beltrán

El primer gobierno del Frente Amplio bajo la presidencia del Dr. Tabaré Vázquez, más allá de algunos amagos iniciales de abrir los caminos para la fiscalización de las minorías, pronto enderezó a un cerrado exclusivismo como ya había ocurrido cuando fue intendente capitalino. Ahí entonces prontamente se tiñó de un solo color la intendencia. Mientras se alentaba la jubilación de los viejos funcionarios, se abrían ampliamente las compuertas para el ingreso de muchos otros nuevos que provenían casi unánimemente de su amplia cosecha electoral. Por lo que en poco tiempo, bien pudo su sucesor, el arquitecto Arana, inventar un nuevo escudo para la ciudad cuya leyenda fuese "Mi casa". Pues así se la creyó instalada para su partido.

En todo el quinquenio de su mandato, durante su primera magistratura, buena parte de aquellas características se mantuvieron también a nivel nacional casi sin decaimiento. Las comisiones investigadoras solicitadas por las minorías en el parlamente fueron reiteradamente rechazadas, por graves que pudiesen ser las irregularidades que se denunciaran.

También repetidos e insistentes fueron los enojos por las críticas de la prensa, especialmente en los primeros tiempos del mandato y a pesar del desgano para enfrentar varias irregularidades que irrumpieron durante aquel quinquenio. Muchas se fueron quedando y olvidando en el camino.

La presidencia de Mujica, que para una parte importante del país creía que habría de extremar las inquietantes características de aquel primer gobierno frentista, parece en algunas de sus primeras actitudes sobreponerse por momentos a esa encogida visión del país. Revelarían trasuntar que ha tomado conciencia de que si ha sido elegido por una fuerza política en el ejercicio de la democracia, es al país entero que representa su investidura. Algo de eso, dejó entrever en algunas declaraciones inmediatas a su victoria electoral, que se hicieron más claras cuando pronunció el discurso ante la Asamblea General y el país entero, al asumir la investidura presidencial después de pronunciado su solemne juramento. En razón de esa consciente responsabilidad, abrió sus puertas al diálogo con las fuerzas de la oposición y procedió a ofrecer los cargos en la administración pública, para el control de los diversos partidos políticos opositores, inclusive en algunos organismos que asumirían el solo papel de observadores como ocurriría con algunos de los de la enseñanza.

Junto sin embargo, a esos alentadores indicios que abren camino a la esperanza de que sepamos valorar nuestra comunidad nacional y sus libertades, por encima de nuestras discrepancias y enfrentamientos, han ido madurando otras iniciativas que parecen contradecirlas.

Una de ellas es el nombramiento de un "Coordinador de Inteligencia del Estado", funcionario que estaría dotado de temibles e indefinidas potestades que sólo depende del Presidente y únicamente en éste descarga su responsabilidad. Si así queda definitivamente instalado se arriesgaría convertir en ficción todo el Estado de Derecho.

En ese mismo platillo desequilibrante para suerte de los derechos y garantías individuales, reconocidos por la Constitución, son como lo señala nuestro editorial de ayer, varias de las iniciativas del gobierno en el plano económico, por las exorbitantes atribuciones que le da al Estado.

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