Ruben Loza Aguerrebere
Hay quien pretende que Victor Hugo ha muerto...", escribía hace muchos años Paul Valéry. Y sin embargo ello ocurrió hace 125 años. Pero no es posible dejar de hablar de este hombre extraordinario.
Cierta vez, él dijo que para enviarle la correspondencia bastaba simplemente con escribir: Victor Hugo, el mar. Así era él. Un hombre oceánico. Poeta espléndido, poderoso dramaturgo, torrencial novelista, político, pintor, orador. Una personalidad descomunal, cargada de ambiciones, fantasías y fantasmas. Cuya voz, nos sigue hablando.
Admirado, respetado, el autor de "Los miserables", de "Nuestra Señora de París" y "El jorobado de Notre Dame", ha marcado a las generaciones de lectores con personajes tan memorables, como Quasimodo y Jean Valjean.
Y es que la obra literaria de Victor Hugo es desmesurada y fastuosa, tanto que uno de sus estudiosos, Gerard Gengembre, ha dicho de ella: "Hugo es un continente literario. Hugo fue el primero en insistir en esa dimensión, afirmando que deseaba escribir una suerte de Biblia laica. Hugo practicó con éxito todos los géneros literarios de su siglo, el XIX, el teatro, la crónica de viajes, la novela, el panfleto, la oda, el discurso, el ensayo, el relato histórico. Lector bulímico, escribía con mucha rapidez".
Victor Marie Hugo amaneció en Besancon (Francia) en 1802. A los 15 años ganó el concurso de poesía de la Academia Francesa de Letras; a los 20 años obtuvo una pensión de Luis XVIII, por su primer libro de poemas. Sus "Obras Completas", que alcanzan quince tomos, ocupan 17.500 fruitivas páginas.
Fue un pintor talentoso y audaz. Diputado en varias oportunidades y también senador. Sus teorías sociales y morales abogaban por la defensa de los derechos de la mujer, la enseñanza gratuita y obligatoria, la abolición de la pena de muerte. Y durante diecinueve años, Victor Hugo se exilió de Francia, tras su enfrentamiento con Luis Napoleón, al que dedicó su famoso "Napoleón el pequeño".
Pero Victor Hugo fue un poeta: "El más grande poeta francés", según André Gide. Y agregaba Jean d`Ormesson que Hugo fue un gigante a quien, a lo largo de la vida, las imágenes le llegaban en torrentes, como redobles de tambor.
Su vida fue la de una centuria sembrada por los cambios vertiginosos en la ciencia, la política y las artes. Y él no fue un espectador de esos cambios, sino protagonista también fue juez de ellos.
Murió en París, el 22 de mayo de 1885, en "la estación de las rosas", como lo había predicho quince años atrás.
Y en su honor tuvieron lugar los funerales populares más grandes que ha conocido Francia: su cuerpo fue expuesto bajo el Arco de Triunfo y posteriormente depositado en el Panteón. Era, sigue siendo, una fuerza de la naturaleza. Un continente.
NOVEDADES EDITORIALES. Se ha reeditado "El velo pintado" (Bruguera/Sudamericana) de William Somerset Maugham, una de las novelas inglesas más leídas del mundo. Vale la pena volver a ella, para dejarse seducir por la prosa e imaginación de un novelista impar, que conocía los sentimientos humanos.