Sebastián da Silva
Entre la euforia mundialista pasaron casi inadvertidas las declaraciones del ex Presidente Jorge Batlle hacia el actual mandatario. De aquella suspicacia referida al caso del arsenal de armas de la campaña electoral, pasó a no ahorrar elogios para con el nuevo papel de José Mujica.
Es que aunque parezca paradójico, este radical cambio de opinión, también es por el inocultable parecido que uno y otro tienen entre sí. Tanto por su edad, su personalidad, como en su accionar gubernativo.
Ambos forman parte de la generación de la Estación Carnelli, las mieles de las victorias políticas les llegaron casi al final de un largo camino plagado de duros antecedentes, ambos tienden a la todologia. Algo habitual en gente que ya vivió la mayor parte de su vida, ambos pretenden pasar a la historia del Uruguay recordados como estadistas que dejaron las pequeñeces políticas partidarias de lado y ambos, ubicados en sus extremos ideológicos, prefieren ser pragmáticos a seguir al pie de la letra lo que sus propias tradiciones deberían de marcar.
De Batlle siempre se dijo que era el menos batllista, y Mujica por suerte, aparentemente actúa como menos frenteamplista que lo que nos imaginábamos. A partir de estas anécdotas y las coincidencias, es bueno hacer el ejercicio hacia delante, y poder aventurar el estilo de esta flamante administración.
EL tema del conflicto con Argentina, marca la prioridad de la presidencia. Acá la diplomacia juega como títere, de estilos, formas y buenas declaraciones, pero la salida, y quizás la solución, viene del piso 11 del Edificio en la Plaza Independencia.
Lo mismo hizo Batlle, asumió la política exterior en forma personal, de primera mano rompió las relaciones diplomáticas con Cuba, llamó directamente a sus amigos en Estados Unidos para conseguir aquel préstamo puente para levantar el feriado bancario y tuvo una inconveniente exposición que terminó en lo que todos recordamos con los argentinos.
Mujica va por el mismo camino, y si sigue sin cuidar sus palabras, un día de estos que amanezca mal dormido, puede tener un resbalón lingüístico de esos que los primeros mandatarios no pueden nunca permitirse.
Los dos tienden a la sobreexposición, gastan sin parar la cuota de sorpresa o novedad que una declaración presidencial debe tener.
A diferencia de la escuela opuesta de gobernar, de Sanguinetti y Vázquez, Mujica y Batlle están siempre en el candelero periodístico, son siempre noticia, son por demás accesibles a la pregunta siempre y en todo lugar, lo que en caso de crisis como las vividas por el ex presidente colorado, (toco madera sin patas) lleva a un desgaste que perjudica su propia credibilidad.
Mientras todo siga como hasta ahora, no habrá problemas, el tema es cuando la ciudadanía comience con sus malos humores por ver que algunas cosas no mejoran.
Para ese momento es que hay que guardar la imagen. Hay 55 meses por delante y como en cualquier presidencia van a existir momentos tensos. Esperemos por el bien del país que cuando esos momentos lleguen no se parezcan tanto.