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 Miércoles 02.06.2010, 05:30 hs l Montevideo, Uruguay
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Julia Rodriguez Larreta


La otra orilla

Festejos argentinos

Julia Rodríguez Larreta

El impresionante despliegue de los festejos del Bicentenario, en los que participé personalmente en cierta medida, al haber asistido a la reinauguración del emblemático Colón, fue una vívida expresión de la contradicción argentina. Un país capaz de llegar a un elevado nivel de profesionalismo y excelencia, tal como fue posible apreciarlo en las presentaciones conmemorativas, si bien por otro lado, en lo político, lo institucional, en la seguridad jurídica y ciudadana y en el desarrollo económico y social, deja tanto que desear.

Motivo de admiración resultó el diestro manejo de miles de personas; de escenografías, shows, diferentes coreografías, numerosos desfiles de militares y de las diferentes comunidades de inmigrantes que poblaron esta nación, así como el espectáculo de los magníficos fuegos artificiales, sumados a los logros visuales alcanzados gracias a la acertada utilización de avanzadas tecnologías.

Fueron múltiples las celebraciones en todo el país, y en la Capital rivalizaron las organizadas por el gobierno de la Ciudad, alrededor del espléndido Colón que abrió justo a tiempo sus puertas, luego de tres años y medio de refacciones, en toda su magnificencia y con su famosa acústica intacta. En una sala colmada por una heterogénea concurrencia, donde se mezclaban desde los melómanos y los miembros de la Fundación, hasta los personajes de la farándula porteña y los dirigentes políticos, se levantó el telón para la puesta en escena del acto más colorido del ballet El Lago de los Cisnes, con música de Tchaikowsky y uno igualmente vistoso, de la ópera La Boheme, de Puccini. Al mismo tiempo, sobre la 9 de Julio, la regia construcción se convertía en pantalla y cambiante fondo de escenario (gigante bandera que ondulaba) para los shows que allí se presentaban, (históricos y de baile) gracias a un genial dominio de técnicas audiovisuales.

Pero como ya se había anticipado, las luchas políticas no estuvieron ausentes de las festividades, aún más, sirvieron de antesala para la contienda electoral del año próximo. En alguna ocasión, con expresiones llevadas a extremos fuera de lugar, como por ejemplo, el número protagonizado por la Presidenta, bailando sobre el tablado que fue montado en la calle, con un gigantesco gorro en la cabeza que le pasó su marido en medio del jolgorio, donde se leía: KIRCHNER 2011.

Mientras en la noche del 24, la llegada al palco de los distintos personajes políticos, como los gobernadores Binner y Das Neves y el vicepresidente Cobos, incluido Mujica como única visita presidencial, era observada atentamente por el público, el cual rompió en tremendo aplauso ante la aparición de Mauricio Macri, el Jefe de Gobierno y aspirante a la presidencia, quien mantuvo, una postura de absoluta sobriedad, a pesar de la calurosa bienvenida. La que en cierto sentido compensaba el desplante de la Presidenta, quien decidió no acudir a la función.

En su discurso, la primera mandataria, seguramente exaltada por la multitudinaria concurrencia de la gente atraída por los festejos, ya sea de forma espontánea o transportados por la organización presidencial, aprovechó el momento para lanzar una interpretación histórica marcadamente tendenciosa.

En respuesta a los cuestionamientos realizados por distintas voces que rechazan a la dirigencia que conduce al país; a su autoritarismo, sus atropellos, las confrontaciones y el clima de corrupción que se respira, al punto de sostener que en realidad, no había de que vanagloriarse en este nuevo centenario, la Presidenta se complació en recalcar que los argentinos están mucho mejor que en 1910.

A lo que cabría responder que bueno fuera lo contrario. Al hablar del estado en el que el país se encuentra, no debería dejarse de lado el observar también la tendencia, puesto que es un dato que dice mucho y si la comparación con otros países se realiza desde ese punto de vista, la conclusión no es lo favorable que debiera ser. Pasando revista al siglo que ha culminado para la historia argentina, surge que en 1910 el país figuraba en aquel entonces en el puesto N° 8 en el mundo, respecto a nivel de vida y en cambio, hoy se ubica en el N° 57.

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