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Julia Rodríguez Larreta
Mañana, 25 de mayo, se cumplen doscientos años del nacimiento de Argentina como nación independiente. En la superficie se habla de los actos preparatorios de las celebraciones anunciadas, como la reinauguración del Teatro Colón, el Te Deum en la Catedral y en la Basílica de Luján, pero el trasfondo es mucho menos brillante de lo que parece y la cena de gala.
Pero por debajo se entrecruzan corrientes de profundo malestar y desencanto, bastante comprensibles. En 1910, cuando se cumplieron los primeros cien años de su fundación, Argentina era un país pujante, que atraía a miles y miles de inmigrantes desde el empobrecido viejo continente y su rico potencial hacía prever un futuro más que promisorio. Crecía de forma constante y al llegar a 1930 figuraba entre las diez primeras potencias en el planeta.
Aunque todavía existían desigualdades sociales y no faltaban los conflictos políticos, con organizaciones obreras o grupos anarquistas, había esperanza y se confiaba en el país y su porvenir. Los festejos de aquella época fueron grandiosos y el embellecimiento de la capital contó con la apertura del magnifico teatro Colón, el Palacio del Congreso y varios otros monumentos.
Sin embargo, el bicentenario se da en una Argentina que no ha cumplido con aquellos vaticinios de grandeza, a pesar de su variada naturaleza y todo lo que tenía a su favor. Aun cuando individualmente y por sectores, los argentinos han demostrado ser capaces de alcanzar la excelencia. Pero en su totalidad, el desarrollo se estancó e institucionalmente han sido demasiadas las interrupciones. Tantos tropiezos fueron produciendo sus negativos efectos.
Actualmente, una buena parte de la sociedad se encuentra hastiada ante la falta de repuesta de las autoridades para cumplir eficazmente con la misión de un Estado democrático, al tiempo que se sienten ahogados por la marea de corrupción y autoritarismo que se derrama desde los más altos niveles.
Este clima se traduce a veces en una disolvente indiferencia, rayana en lo amoral, así como en el desenfreno del delito y las prácticas corruptas a todo nivel, en un escenario de división social e injusticia, del cual emergen voces de denuncia no exentas de rencor, como las del abogado y escritor Cosme Beccar Varela. "Después de 200 años de independencia todo lo que podemos jactarnos de tener es esta dirigencia corrupta e inepta, ahora al servicio del marxismo y encharcada en el latrocinio. ¿Y todavía pretenden que yo ponga la bandera en la puerta de mi casa? Tendría que ser insensible a la desgracia de la Patria para ponerla. Solo cabría, tal vez, enarbolarla con un crespón de luto", escribía hace poco en un amargo artículo.
Parte de la crispación reinante se pone de manifiesto a través de las dos ceremonias religiosas del lunes, pues en Argentina no hay separación del Estado y la Iglesia como en Uruguay. El Cardenal Bergoglio se ha preocupado porque su homilía quede envuelta en un manto de terciopelo político y como no quiere un enfrentamiento con el poder, ha hecho un explícito llamado a que no se participe en el acto de la Catedral con ese ánimo. Pero de todas maneras, vuelan los mensajes por internet convocando a asistir a este homenaje, adonde ya se anunció la presencia, por supuesto que de Macri, Jefe de Gobierno de la Ciudad, pero también de otros líderes de la oposición, como forma de repudio al gobierno de los Kirchner, mientras Cristina va a Luján.
Más allá de los episodios del Bicentenario, sobre los cuales se estuvo elucubrando sobre si no sería invitado el vice presidente y los ex presidentes, lo cual ya se confirmó por la negativa, lo que ha provocado seguramente bastante desagrado en la Casa Rosada, es que la Corte Suprema resolviera que el Poder Ejecutivo no puede dictar decretos de necesidad y urgencia, los famosos DNU de los que ha hecho uso y abuso, en forma discrecional y conveniencia política. Remarcando la división de poderes, afirma que solo debe utilizarlos en forma excepcional, cuando el Congreso no pueda intervenir. Ante lo cual, en el entorno de Olivos, algunos allegados a la Presidenta, adelantaron que el Gobierno continuará firmando decretos, máxime ahora que no tiene mayoría.