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Julia Rodriguez Larreta


La otra orilla

Comer lo nuestro

Julia Rodríguez Larreta

Antes fue "Vivir con lo nuestro". Ahora es "Comer lo nuestro", mientras al Sr. Moreno no se le ocurra ampliar el radio. A decir verdad, estas posturas no son nada nuevas en el país y cada tanto afloran. Me recuerda al Gral. Liendo, presidente provisional de Argentina, (ya alejado Martínez de Hoz del Ministerio de Economía), diciendo "qué necesidad tienen los argentinos, de otro auto que no sea el Falcon".

La medida que cierra las puertas a los productos alimenticios provenientes del exterior, si hay argentinos semejantes, es una simple orden verbal del omnipotente Secretario de Comercio, pero desde que circuló por los despachos, dejaron de autorizarse los certificados para el ingreso de los alimentos que regularmente se importan. Situación que a la larga o la corta, puede provocar aumentos de precios o desabastecimiento.

Una herramienta, ésta de los certificados, que se presta para coerciones y maniobras varias. En el campo, por ejemplo, a los productores pequeños que no tienen la misma capacidad de los grandes, para acordar con los funcionarios de la ONCCA, (dispensador de estos mágicos papeles) que les deduzcan por encima de las retenciones establecidas, se les hace muy difícil la venta de sus cosechas.

La intempestiva resolución de Moreno ha tenido distintas consecuencias. Por una parte, a los empresarios brasileños, ni siquiera les quedaba claro cuales eran los productos vedados y cuales no. Y junto a las protestas de Brasil, llegaron las de la Unión Europea. Y lo inexplicable es que estas medidas se hayan conocido, (a no ser que Moreno pensara que si no hay nada escrito y formal, el asunto pueda pasar más o menos desapercibido), justo unos días antes de la Cumbre a realizarse entre la UE, América Latina y el Caribe, para revitalizar las negociaciones comerciales entre estos bloques.

Aparte de que a Cristina Fernández se le ha escuchado en cuanto foro internacional ha habido, desde el G20 hasta el Mercosur, discursear en contra de los proteccionismos. A lo que hay que agregar que Argentina exporta anualmente por alimentos y bebidas, US$ 12.000 millones, frente a importaciones por US$ 900 millones.

Aunque la ministra de Industria Deborah Giorgi diga que trabaja bajo las normas de la OIT, lo cierto es que en la Aduana muchos embarques quedaron trancados y no será fácil que estas acciones no sean consideradas incompatibles con las reglas de la Organización Internacional del Comercio.

Parecería que la decisión de Moreno pasa por privilegiar la relación con el sindicato de la alimentación que no aceptó la propuesta de aumento salarial del 26% ofrecida y sigue insistiendo en un salario mensual mínimo de $ 3.000 (a grosso modo unos 15.000 pesos uruguayos), para no tener el problema del paro.

Como la combinación de inflación, altos costos laborales y un dólar quedado, han hecho perder competitividad a los productos argentinos frente a los extranjeros, con la ayudita de Moreno, los empresarios podrán aumentar sus precios sin problema, para cubrir el alza de las demandas salariales.

Eliminando la posibilidad de traer alimentos más baratos del exterior, los consumidores serán los perjudicados, inclusive los de bajos ingresos, a pesar de la política morenista de contener a prepo, los precios de los productos básicos de la canasta familiar. Una vez más, el espíritu del Mercosur vuelve a ser bastardeado olímpicamente.

Al mismo tiempo, las informaciones y los datos que ilustran sobre la otra gran industria nacional, la de la corrupción, se extiende cual pulpo de largos tentáculos. Entre ellos aparecen los negocios con la Venezuela chavista, donde según lo declarado ante el juez, por un ex agregado comercial de la Embajada Argentina, funcionaba en Caracas, una especie de embajada paralela a cargo de (venía en el avión con Antonini) Mario Uberti. De acuerdo con los registros de la Aduana, es multimillonaria la cantidad demás, que el gobierno argentino pagó por el fuel oil que compró a Pdvsa (mientras Argentina a su vez exportaba) para abastecer a las generadoras, a un precio mucho mayor que en el mercado local.

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