SEBASTIAN DA SILVA
Hace unas semanas protagonizamos un duro enfrentamiento con el senador Bordaberry, acerca de las estrategias a utilizar en las elecciones departamentales. En aquella ocasión, yo le critiqué su actitud para con un convencional colorado de San José que apoyó abiertamente una candidatura del Partido Nacional, haciéndole saber que para el Uruguay, y para el arco opositor era mucho más beneficioso tener un mapa multipartidario que compartiera el poder.
Los resultados del domingo pasado me dieron la razón. Los ciudadanos que no pertenecemos al FA, validamos con el voto en nuestros respectivos departamentos opciones que tuvieran la chance de ganar. El resultado está a la vista, y para alguien que se siente blanco hasta la médula, fue un alivio la victoria de Germán Coitiño en Salto, así como por supuesto las resonantes victorias nacionalistas.
Este resultado cambia la perspectiva política, y si la estrategia bordaberrista hubiese dado resultado, Río Negro, Paysandú, Salto, Florida, y San José, quizás tendrían la bandera de Otorgués flameando.
Como la foto de las municipales pasó, hay que mirar para adelante y seguir por la misma senda. No por ello relegar nuestros principios, nuestra historia ni nuestros candidatos, para esto está el balotaje. Simplemente hay que tener un mínimo de sentido común que nos indique que tenemos entre los partidos que fundaron al país, muchas más cosas parecidas que con el FA. Por ejemplo: en el nuevo congreso de Intendentes la edad de sus integrantes bajará radicalmente, porque la elección colocó a una generación a la cabeza de los departamentos. Eso augura gestiones más modernas, con los pies en la tierra y sin los maniqueísmos típicos de cabezas formadas en la época de la guerra fría. La sumatoria de administraciones exitosas, contrastará con la retórica empalagosa de izquierda, aque-llo tan demagógico de "todos y todas", "montevideanas y montevideanos", como lenguaje, será contratastado por una sana competencia para atraer inversiones y progreso a cada localidad. La retórica da-rá paso a la acción y quedará en evidencia algo que es lo que más importa, que no es otra cosa que demostrar que los cuadros gobernantes mejor preparados para la función pública están, por estudios, por generación, y por aptitud, en los partidos tradicionales que en la elite de izquierda.
Ahora comenzó la etapa de gobernar. Todos los jugadores tendrán que demostrar sus habilidades, y como es habitual en todo el sistema político se empezará un sube y baja que jubile algunos líderes, consolide a otros y permita que nuevos liderazgos aparezcan.
Para todos los casos, lo que hay que tener claro es que al amplísimo Frente Amplio se le gana con personalidades, estilos, y principios complementarios, que procuren una sumatoria de voluntades que, por sí sola, ni la idiosincrasia romántica y liberal de nuestro nacionalismo, ni la mirada más humanista y conservadora del coloradismo, logran por separado.
Cuanto más fortaleza y diversidad exista en el arco opositor menos uruguayos caerán en el canto de sirenas de la izquierda, y eso es hacer política con mayúscula.