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 Jueves 22.04.2010, 06:13 hs l Montevideo, Uruguay
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Julia Rodriguez Larreta


La otra orilla

Política nuclear

Julia Rodríguez Larreta

Dicen que la tercera es la vencida y así fue para Cristina Kirchner. Porque si bien en las dos oportunidades anteriores en que compartió cumbres con el Presidente de Estados Unidos, todos los esfuerzos para una reunión a solas con Obama, habían sido infructuosos, ahora lo consiguió.

A pesar de que hasta último momento parecía que las intensas gestiones del Embajador argentino en Washington no iban a dar fruto, finalmente llegó la tan ansiada invitación, y se produjo el encuentro. Fue bastante fugaz, pero suficiente para no ser menos que otros colegas de la región, de México, Colombia, Brasil y Chile, que ya se han reunido con el primer mandatario norteamericano.

No es muy extraño que en la Casa Blanca no hubiera mayores deseos de un tête a tête con doña Cristina, quien tiene la costumbre de criticar a Estados Unidos cada tanto y hasta de hacerle rezongos y dictarle cátedra a su Presidente ante audiencias internacionales, como si fueran Argentina y su gobierno, un dechado de virtudes morales, económicas y democráticas.

Sin embargo, Argentina no carecía de ciertas credenciales para su aspiración, como por ejemplo, su disposición a colaborar en la ayuda de Haití y Chile después de la devastación causada por terremotos. Pero había algo más importante que estuvo sobre la mesa de discusión seguramente, sobre todo en esta Cumbre que trataba sobre los peligros de origen nuclear. Respecto de la carrera armamentista de estas características y sobre todo, el evidente riesgo que hoy se detecta de que los terroristas puedan acceder a esta clase de tecnología, con el poder destructivo y demencial que ello implica.

Argentina cuenta con una larga historia en el campo de la energía nuclear y tiene un alto y reconocido nivel de know how en la materia. Es uno de los únicos dos países latinoamericanos en condiciones técnicas de construir una bomba, pero renunció expresamente a esa posibilidad. Siendo Presidente Raúl Alfonsín, éste decidió junto con José Sarney, el Presidente brasilero, que el acercamiento a lo nuclear, únicamente sería para su uso pacífico. Se ha tratado de una verdadera política de Estado que se ha sucedido en las diferentes Administraciones.

Inclusive en los últimos años, bajo los Kirchner. Se enviaron 250 barras usadas, a los Estados Unidos, de uranio enriquecido al 90%, para cambiarlos por elementos enriquecidos al 20%. Lo primero encerraba una latente amenaza; ser utilizadas por el terrorismo para construir una bomba sucia, con la cual se podría hacer mucho daño.

Y a diferencia de Lula, que en tiempos recientes comenzó un escabroso flirteo con el Presidente iraní, Ahmadinejad, (y ni que decir de Chávez y también Evo Morales), la presidenta argentina ha mantenido una dura posición frente a Irán.

Motivos no faltan, dado el acto terrorista contra la institución judía, la AMIA, a continuación de la voladura de la Embajada de Israel, ambos ocurridos en Buenos Aires, su capital.

De modo que en el Departamento de Estado, deben haber pesado favorablemente estos antecedentes, en sintonía con la posición del gobierno norteamericano.

El momento sirvió también para que Cristina aprovechara para excusarse ante el chino, Hu-Jintao, a quien dejara nada menos que plantado, en ocasión de su programada visita oficial. ¿Motivo? No ofrecerle el sillón de Rivadavia a su vicepresidente, el Sr. Cobos. Pero finalmente le llegó el turno. Hecho que a su vez encierra cierta ironía. Julio Cobos, Presidente del Senado, sorprendió a los legisladores hace unos días, con una medida inusualmente tajante para su estilo. Anunció que a los parlamentarios que no asistieran a las sesiones, como castigo se les descontaría un 20% de su sueldo y hasta se les podría ir a buscar con un patrullero. Apareció también una solicitada en la prensa. La intención fue ponerle fin a la parálisis que el Kirchnerismo estaba imponiendo en el Congreso, como forma de impedir que la oposición pudiera actuar, al no permitir el necesario, quórum. Pero resulta que el propio Cobos no estuvo en el Senado para constatar personalmente el desenlace, porque tuvo que irse a la Casa Rosada, dado que ahora sí, Cristina se fue de viaje.

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