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Ocurre en Montevideo
Carla | Montevideo
@| "La situación que se vive entorno a la suspensión del inicio de la carrera de Medicina en Salto me ha motivado a dar a conocer, desde mi lugar como estudiante, algunos detalles que considero que no son irrelevantes a considerar ante dicha situación.
La generación 2009 `innovó` el nuevo plan que entró a regir el pasado año. Como todo cambio, requiere de paciencia, tolerancia y un cierto tiempo de adaptación. El asunto es que todo tiene un límite.
El primer semestre, con carga horaria no extensa, constituido por tan sólo dos actividades, considero que fue disfrutado por los estudiantes en su mayoría. Con pequeños inconvenientes, nada intolerable.
Como bien es sabido, en el mes de junio del pasado año los estudiantes de la Facultad de Medicina decidieron parar sus actividades en reclamo a la crisis institucional que atravesaba el Hospital de Clínicas (centro universitario.) El cese de actividades duró poco más de un mes, tiempo que aparentemente no fue suficiente para una buena organización del segundo semestre por parte de la Coordinación del Nuevo Plan de Estudios en conjunto con las cátedras que participan en primer año.
El segundo semestre, bastante más caótico, con una carga horaria importante, obligó a los estudiantes a concurrir en doble turno, y estuvo compuesto por 3 actividades principales: trabajo de campo, aprendizaje en pequeños grupos, y clases curriculares en Facultad.
El primer obstáculo, y para nada menor, lo vivimos entorno a los horarios. Me atrevería a decir que más de un 50% de los estudiantes se vio afectado por una superposición de actividades, es decir, todas ellas en un mismo turno. Problema que no fue solucionado hasta la séptima semana de actividad, y consecuentemente condujo a la inasistencia de los estudiantes a varias de sus actividades. Muchos sobrellevamos la situación asistiendo a otros turnos y así recuperar las lecciones perdidas. Pero esto resultó en una superpoblación en las aulas y el docente se veía forzado a pedir a los estudiantes que no figuraban en lista a retirarse.
El trabajo de campo consiste en la asignación de una zona de Montevideo a la cual un grupo de estudiantes concurre bajo la supervisión de un tutor. La idea es acercar a los estudiantes ya desde el primer año de la carrera a la comunidad.
En ambas actividades, cada grupo estaba constituido por no más de 15 estudiantes, lo que llevó a la necesidad de formar gran cantidad de grupos (y por ende tutores) ya que la generación superaba los 1200 inscriptos. Desafortunadamente, muchos de nosotros fuimos víctimas de una gran falta de profesionalismo por parte de nuestros tutores, esto se debió quizás a que la demanda de tutores fue tal que condujo a que los requisitos no fuesen demasiados.
Trabajo de campo fue una actividad a la que le dedicamos mucho tiempo y no fue compensada con aprendizaje.
Otro de los cambios que este nuevo plan trajo fue la concurrencia obligatoria. Las lecciones fueron en primera instancia planificadas para no más de 50 alumnos por aula, pero éstas se vieron sobrecargadas por más de 80. Con una generación tan numerosa y grupos tan pequeños, las aulas del edificio central de Facultad no fueron suficientes para cubrir las actividades, por eso muchas veces nos pasábamos el día yendo y viniendo entre la Facultad, el Hospital de Clínicas y el Instituto de Higiene.
Esto no es más que una visión que muchos estudiantes compartimos sobre nuestra Facultad y pienso que antes de instalar la carrera en otro departamento, estos perjudiciales inconvenientes deben ser replanteados y mejorados".
Balneario Ñandubaysal
Arq. Julio A. Silva | Montevideo
@| "Hace pocos días más de 100 bañistas que disfrutaban de la playa de Gualeguaychú, llamada Ñandubaysal, se vieron afectados por una enfermedad cutánea.
Los ambientalistas de Gualeguaychú se apresuraron a atribuir esta enfermedad a la contaminación del agua producida por la planta de celulosa Botnia.
Quien visite la zona comprobará que es totalmente imposible que los efluentes de la planta puedan llegar hasta las aguas de dicha playa. Entre Botnia y Ñandubaysal hay una isla argentina llamada Inés Dorrego que tiene aproximadamente 7 kilómetros de largo. Esta isla es una barrera natural que obliga a los efluentes a circular hacia el Sur arrastrados por la corriente del río, sin ninguna posibilidad de cruzar del otro lado del río donde se encuentra la playa argentina a 13 kilómetros de distancia."
Usuario del Puerto de Punta del Este
Marcos Lagomarsino | Argentina
@| "Me dirijo a ustedes en mi carácter de turista argentino y asiduo visitante desde hace 32 años al puerto de Punta del Este. He leído, en la edición del 20 de febrero una carta de un `usuario` del Puerto de Punta del Este en donde hacía referencia a la aparente falta de amabilidad que recibió por parte de funcionarias de la Dirección Nacional de Hidrografía.
Al respecto me siento en la obligación de dar testimonio de que a lo largo de estos 32 años durante los que anualmente he llevado personalmente mi embarcación hasta dicho destino, no he recibido más que esmerada, cordial, amplia y personal atención en cada caso en que me tocó gestionar algún tipo de trámite en dicha repartición. Las `chicas` de Hidrografía Punta del Este son una valiosa institución con que cuentan, y su azarosa gestión para las más de 600 embarcaciones que rotan continuamente son una demostración de cómo con ganas, esfuerzo, mucha `onda` y simpatía, se puede manejar con muy poca gente una actividad compleja y muchas veces conflictiva."
Bienvenido a la capital
Claudia | Montevideo
@| "Parece mentira que un país que se jacta de `turístico` funcione como funciona.
Es una vergüenza cómo se encuentra la capital del país. Salgo a trabajar todos los días a las 6:30 horas. Mi trayecto es todo por la Rambla hasta la Ciudad Vieja (casi 12 kilómetros) y aunque no me lo crean, no hay una sola luz de alumbrado público prendida en toda la rambla. Perdón, hay un tramo de dos cuadras a la altura de Trouville y otro tramo de una cuadra no recuerdo dónde. Ni hablar cuando llueve y más ahora, que amanece más tarde.
Con el agua estancada en los desniveles de toda la rambla, sin luz, lloviendo, con carritos de recicladores sin señalización, uno no se explica cómo no ha pasado una desgracia.
Soy una contribuyente que paga sus impuestos rigurosamente todos los meses y tengo derecho a circular por una ciudad limpia, iluminada y segura.
Y no quiero ni pensar la imagen para un turista que quiera, como lo están haciendo en estos días, circular por la rambla.
Señores políticos, es hora de ponerse las pilas y de hacer un país de verdad. En mi opinión, no tenemos nada de qué jactarnos como `país turístico`. Y ya dejó de ser un tema de `color político`."
Pena impuesta a un violador
Rodolfo Martínez | Canelones
*|"En El País del día miércoles 24 leí que la pena que le impondrían al violador y asesino de una niña de 10 años sería de tan solo 15 años. En función del Código vigente esa es la pena que se impone en nuestro país. ¿El aberrante, horrendo crimen de una criatura se paga con 15 años? Ni con reclusión perpetua quedaría saldada esa deuda.
No quiero polemizar sobre la pena de muerte (de la cual soy partidario) pues me saldrían al cruce con innumerables argumentos, como por ejemplo que el Estado no puede matar. Ya que se hacen tantos plebiscitos, ¿por qué no se hace uno sobre ese tema?"
Atentados idiomáticos
D. de A. | Montevideo
@| "Aunque como asiduo lector muchas veces discrepo con editoriales de El País, hoy debo felicitarlos por la magnífica nota de fondo referida al destrato que en los últimos años viene padeciendo nuestro viejo y querido idioma español.
En la prensa solía escaparse algún que otro horror, es cierto. Pero ahora, con los medios electrónicos, particularmente la televisión, los horrores se han vuelto algo cotidiano. Son, además, errores inconcebibles en profesionales que están obligados a hablar correctamente, sin cometer inadmisibles defectos de dicción.
Hay informativistas que no son capaces de leer correctamente la palabra `aeropuerto`: muchos la transforman en `areopuerto` y hasta `ariopuerto`. Y esto para no hablar de los `movileros`, que, en muchos casos denuncian sus carencias culturales en cada una de sus salidas al aire.
Otro problema que se les plantea a muchos de ellos, como bien señala el editorial, es la incorrecta pronunciación de palabras como `short`, `shopping` y otros términos del inglés que empiezan con `sh`, que transforman invariablemente en `yort`, `yopping`, etc. Deberían familiarizarse con el sonido de `shhhhh` como en los hospitales y aprovechar para callarse la boca hasta aprender a pronunciarlo, ya que después de todo no es tan difícil. Cualquier niño de cinco años que tenga algunas clases primarias de inglés sabe hacerlo si le enseñaron el pronombre `she`.
El editorial no menciona la otra gran fuente de barbaridades idiomáticas que es el periodismo deportivo y en particular el televisivo. En este terreno literalmente todo vale.
Aquí la pobre lengua castellana naufraga ante embates salvajes, particularmente a raíz de la adopción de términos provenientes de otros idiomas. Un pase de fútbol o basquetbol se ha transformado pomposamente en `una asistencia`. La pelota desviada salió `ancha` del palo (terrible adaptación del término inglés `wide`, que en dicho idioma es correcto pero sólo en dicho idioma). Ahora se dice `data` en vez de información.
Buena parte de la responsabilidad en todo esto le cabe a los programas deportivos provenientes del extranjero.
Como si esto fuera poco, hay además periodistas nativos que creen pronunciar correctamente nombres de futbolistas extranjeros, pero como en realidad no saben hacerlo los pronuncian mal.
Lo que dicen tiene un efecto seguramente indeseado que podrían evitar leyendo los nombres `como suenan` en español ya que nadie está obligado a saber inglés, italiano o francés.
Creyendo que se visten con plumas de faisán se están vistiendo en realidad con plumas de ganso. Y de ganso presuntuoso, además."
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