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Ibrahim Sharifi cuenta desde Turquía el calvario que vivió
Madrid | "Volvieron a simular que me ejecutaban y protesté; les pregunté por qué lo hacían y entonces fue cuando… me violaron", relata Ibrahim Sharifi, uno de los miles de detenidos en las protestas que siguieron a las últimas elecciones iraníes. Sus palabras respaldan la denuncia del dirigente opositor Mehdi Karrubí, a quien los ultraconservadores quieren juzgar por libelo. "Cuando te pegan, te ofenden, simulan ejecutarte y tú resistes, utilizan ese método como último recurso para humillarte y destruirte", explica Sharifi, la única víctima que aceptó hablar en público.
Como muchos otros jóvenes iraníes, este estudiante de informática, de 24 años, participó en las manifestaciones que se desataron tras conocerse el resultado de las elecciones presidenciales del 12 de junio. Hasta el 23 de junio. Ese mismo día, 11 después de los comicios, le detuvieron cerca de su casa, en Shahrak Naft, una ciudad dormitorio del noroeste de Teherán. "No me notificaron el motivo. Pero delante de los otros detenidos decían: `A éste lo vamos a ejecutar`. Creo que intentaban intimidarnos", analiza ahora Sharifi al volver sobre lo sucedido. Ni siquiera sabe dónde estuvo encerrado.
"El trato era brutal para todos. Nos pegaban. Simulaban ejecuciones. Nos hacían pasar hambre", recuerda. "Empecé a protestar, les pregunté por qué lo estaban haciendo y fue a raíz de eso cuando… me llevaron a otra habitación y me violaron". Varias veces durante la conversación Sharifi sustituye el verbo violar por "me hicieron eso, usted ya sabe". "Eso" fue atarle las manos y los pies a unos grilletes que había en la pared, bajarle la ropa interior y le sodomizaron. Para entonces, el joven ya estaba vomitando sangre como resultado de las patadas que le habían propinado en el vientre. Se desmayó. Llamaron a un médico y cuando empezaba a recuperar el conocimiento pudo oír que sus torturadores se preguntaban: "¿Se muere o lo rematamos?". "El médico les dijo que no lo hicieran porque eso les causaría un problema, como con los otros dos anteriores, y les propuso que me dejaran en la calle porque pensaban que no sobreviviría. Entonces me sacaron de la cárcel y me abandonaron en la cuneta de una autopista", rememora.
En contra de lo previsto por el médico del penal, Sharifi no murió. Alguien lo encontró, lo llevo a un hospital, lo atendieron y volvió a casa. Incluso presentó una denuncia por insultos y agresiones ante un tribunal de Teherán. Pero no dijo nada de la violación. Trataba de borrarlo. "Incluso pensé en suicidarme", admite.
Quien le ayudó a desechar esa idea fue Karrubí, en cuya oficina se formó un comité de apoyo a los detenidos y familias. Sharifi grabó su declaración en video, e incluso se reunió con un representante del fiscal, Ghorban Alí Dorri-Nayafabadí. "El sistema ha logrado muy buenos resultados con las violaciones porque así arruinaban moralmente a sus opositores", concluye. EL PAÍS DE MADRID
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