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Sábado 30.05.2009, 04:04 hs l Montevideo, Uruguay
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Espectáculos


NABUCCO

Una metáfora lírica del poder

El miércoles comienza la nueva temporada en el teatro Solís

ALEXANDER LALUZ

La esquina de Buenos Aires y Juncal no está en Nueva York. Tampoco en Milán o Berlín. Y aunque parte del imaginario local (y provinciano) siga encandilado con esos centros operísticos "ideales", ese cruce sigue siendo de Montevideo, del Solís.

Héroes y crueles monarcas, cándidas enamoradas, viles lacayos, el vulgo levantando voces de dolor o enardecidas reivindicaciones. Esos personajes han revivido las pasiones que atraviesan sus vidas arquetípicas en el Metropolitan o en la Scala. Pero también lo han hecho aquí, en el decimonónico teatro Solís, mirando muchas (quizás demasiadas) veces con nostalgia colonial los brillos de aquellos escenarios de las "capitales" de la ópera.

La próxima semana, los encargados de recrear esas vidas serán los personajes de Nabucco de Verdi, que llegarán hasta Juncal y Buenos Aires para inaugurar una nueva temporada lírica del Solís y la Filarmónica de Montevideo. El estreno será el miércoles 3, y los responsables de encarnar este drama serán dos elencos integrados por cantantes de probada experiencia, bajo la dirección musical de Javier Logioia Orbe, y la dirección escénica de Matías Cambiasso (Argentina), quien trabajó a partir de un diseño de Marga Niec, otra prestigiosa artista del vecino país.

Con este equipo, Nabucco ya está inaugurando algunos signos (primarios, es verdad) de otros aires, otros proyectos, bastante diferentes a los que se vieron en temporadas anteriores. Ciertamente, la programación seguirá teniendo como antes, dos títulos clásicos del repertorio: ahora, en junio, la ópera de Verdi, y entre agosto y setiembre, El barbero de Sevilla de Rossini. Sin embargo, los responsables de la Filarmónica han indicado en más de una oportunidad que para los próximos años la temporada tendrá que tener una propuesta más amplia, más exigente en materia de calidad.

Logioia Orbe, nuevo director artístico de la Filarmónica, comentó recientemente a El País que un ciclo con tan solo dos óperas no deja de ser una excepción. Por lo tanto, la idea que se está madurando para 2010 es presentar al menos cuatro títulos, además de incluir dos zarzuelas, una al comienzo del año y otra al final. En esta perspectiva, esta temporada 2009 oficiará, sin lugar a dudas, como una bisagra hacia una (esperada, urgente) etapa de cambios.

Por otro lado, está el contrapeso de los rituales y los horizontes de expectativa que (todavía) siguen gravitando en las formas de recepción de este género. En ello, las miradas y escuchas "pasatistas" se erigen como variables decisivas, y custodias de una tradición nacida en "las cumbres de la cultura occidental". Es cierto que esta expresión es más una caricatura que una realidad concreta. Pero bastaría una observación atenta y crítica de nuestros comportamientos "operísticos", para que se revelen con meridiana claridad algunos de esos signos.

Proyectando libremente el título de una obra de 1967 del compositor Leo Brouwer, se podría decir ante esta realidad: "La tradición se rompe pero cuesta trabajo". Y quizás este sea uno de los retos que deberán enfrentar las futuras temporadas de ópera del teatro Solís.

El poder, el amor. La popularidad y el prestigio que Giuseppe Verdi (1813-1901) conquistó en su época, tienen un sustento en este Nabucco. Fue la tercera ópera que compuso, luego de dos títulos signados por el fracaso. En ese momento, promediando la década del `30 del siglo XIX, Verdi, un joven y (quizás) prometedor compositor, había decidido alejarse de la música. A la lamentable acogida que tuvieron sus primeros trabajos, se sumó la pérdida de su esposa e hijos en un lapso de tiempo muy breve.

El cambio de parecer se produjo gracias a Merelli, responsable artístico de la Scala de Milán, quien lo desafío a trabajar sobre un libreto de Temistocle Solera, titulado Nabucodonosor, basado en un relato bíblico. Este texto despertó, casi por casualidad, un impulso creativo en el joven Verdi. Y así fue que en pocas semanas completó la partitura para una obra que lo consagró en el competitivo mundo de la ópera.

El estreno finalmente se realizó el 9 de marzo de 1842, en la Scala. El público, a diferencia de la crítica, se apoderó fervientemente de la obra, al punto de transformar uno de sus pasajes, el coro Va pensiero, en un himno popular y en la voz, la metáfora de la resistencia al dominio del imperio austríaco. Con el correr de la historia, esta ópera y su dramática historia, que cruza tópicos atemporales como las luchas de poder, el amor, la pasión, la venganza, se convirtieron en una pieza obligada del repertorio.

"¡Silencio, por favor!" En la tarde del jueves, una multitud de técnicos trabajaban aceleradamente en la escenografía. Varios de los cantantes solistas se maquillaban o hacían algunos ejercicios vocales circulando por el foro del escenario. Con pasos rápidos y miradas atentas, Enrique Bordolini, responsable de la escenografía y la iluminación, y Logioia ultimaban los detalles indispensables para comenzar el ensayo pre-general.

Poco antes de las 20 horas, la mayor parte de la orquesta ya estaba en el foso, y el ejército de técnicos había despejado por completo el escenario. Sobre el comienzo del ensayo, Logioia pide desde el podio el indispensable silencio. Y la magia escénica comenzó a crecer con los primeros segmentos de la obertura. El pulso dramático de la obra ganó la sala ni bien se levantó el telón, dejando traslucir con claridad la concepción de la puesta. Muchos (incluido el autor de esta nota), prefirieron abandonar el teatro para resguardar esa cuota de sorpresa que tiene todo estreno. Pero ese brevísimo instante frente al escenario bastó para demostrar con claridad la idea central de la puesta, y la cuidadosa articulación de sus metáforas escénicas y musicales. El resto, los detalles, el descubrimiento, sólo merecen revelarse el miércoles a la noche.

Los rostros, las voces de los personajes principales de "nabucco"

Nabucodonosor

Homero Pérez Miranda y Federico Sanguinetti

La crueldad, el despotismo, e incluso la locura de este emperador de Mesopotamia, es cantada por un barítino. Para esta puesta fueron convocados el chileno Pérez Miranda y el uruguayo Sanguinetti, quienes tienen una importante trayectoria en el mundo de la lírica.

Fenena

Alicia Cecotti y sandra silvera

Verdi asignó el papel de la hija de Nabucodonosor a una voz de soprano. Se trata de una joven que vive con pasión y también con dolor el amor por Ismael. Cecotti (Argentina) y Silvera (Uruguay) tendrán la responsabilidad de cantar este personaje que es uno de los ejes centrales de la ópera.

Abigail

Eiko Senda y Mónica Ferracani

Es hija adoptiva de Nabucodonosor, que desarrolla un carácter cruel, vengativo. La competencia que desata con Fenena es uno de los cruces dramáticos más importantes de la historia. Senda y Ferracani tienen probrado talento para dar con la intensidad de este papel.

Ismael

Juan Carlos Valls y Gerardo Marandino

Estos dos tenores vienen con excelentes antecedentes para encarnar a Ismael, el sobrino del rey de Jerusalén. Un personaje en el cual se concentrarán la pasión, el amor, y será decisivo en el tejido de esta trama, cuando salva a Fenena, su enamorada, de la muerte.

Tres directores de gran prestigio

Javier Logioia Orbe. Será el responsable de la dirección musical de la ópera "Nabucco". Desde finales del año pasado es el director artístico de la Orquesta Filarmónica de Montevideo.

Marga Niec. Esta artista argentina es reconocida como una de las principales directoras de escena en su país y en todo el continente. Ella fue la responsable del diseño escénico para la puesta de "Nabucco".

Matías Cambiasso. Otro director escénico de Argentina que ha realizado una brillante carrera en el mundo de la ópera. Experiencia que volcó en la realización del diseño escénico concebido por Marga Niec.

i Nabucco.

Funciones: 3 (estreno), 4, 6, 8, 9 y 11 de junio, a las 19:30 horas.

Entradas: Platea, palcos bajos, tertulia baja fila 1: $ 1.900; Tertulia baja fila 2, palcos de Tertulia baja y tertulia alta fila 1: $1.600; Cazuela fila 1, tertulia alta fila 2 y tertulia baja fila 3: $ 1.100; Paraíso 1, tertulia baja fila 4 (taburetes), palcos tertulia alta y palcos de cazuela 1ª fila: $ 400; Tertulia alta fila 4 (taburetes) y cazuela fila 2 y 3 (taburetes): $ 200.

El País Digital

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Foto: El País. 

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