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Ricardo Reilly Salaverri
Los aficionados al boxeo los sábados a la medianoche tenemos normalmente boxeo argentino para ver en directo en TV y a veces otras peleas internacionales. El pasado fin de semana no lo hubo y nos quedó como consuelo atender al publicitado encuentro por un título internacional, que tuvo por protagonista a la uruguaya Chris Namús y a la colombiana Lely Luz Flores.
Más allá de que el boxeo femenino no es santo de nuestra devoción, el tema de la pugilista Namús, quien está más allá de los minutos de fama y beneficio que le tocaron vivir, trata de una situación que llama la atención y trasciende a lo deportivo. Se le dio sobreabundante notoriedad y aparecieron aditamentos de carácter político asociados al oficialismo, que derivaron a un circo noticioso y mediático.
Notoriamente, el Presidente de la República en persona ha promovido "el knock out a las drogas" y dentro del apoyo a su iniciativa, saludó personal, ostentosa y públicamente sobre el "ring", ante la gente que se encontraba en el estadio y las cámaras, a la aparentemente prometedora boxeadora uruguaya cuando un combate anterior de dudosa valía.
El asunto derivó a otras circunstancias, ya que se supo que Antel, contrató a la pugilista pagándole 50 mil dólares (de Juan Pueblo) para que cediese su imagen en promoción del ente.
Y, a su compañero de vida, el vicepresidente del Directorio de Antel, el Sr. Gonzalo Perera, le contrató como guardaespaldas porque sufría de persecuciones y amenazas.
Lo último derivó notoriamente a la simulación de agresión e intento de ahorcamiento que este directivo de Antel dijo haber padecido en un monte, a manos de desconocidos. Lo que le valió un procesamiento por simulación de delito, sin privación de libertad y con pena alternativa. Lo que significa que el juez del procesamiento advirtió que el ahorcado autoinventado tenía conciencia y voluntad de la simulación que hacía (lo que da fe como se dice vulgarmente de que ningún loco masca vidrio).
Se dio entonces un periplo lleno de problemas para la novel pugilista, quien como correspondía -amor con amor se paga- manifestó su adhesión al Frente Amplio y a Astori.
Luego le desalojaron de una casa que habitaba, renunció a una pelea por un título que habían programado sus agentes, se peleó con éstos y les cambió por otros; los primeros le han iniciado juicio, y vivió algunas alternativas más que transformaron a la boxeadora en persona de notoriedad, e hicieron que sus experiencias personales pasaran a ser de dominio público.
El boxeo es cosa seria. Hace pocos días en México murió un joven profesional tras una caída por un derrame cerebral, y hay una política internacional extendida que alienta a los jueces de ring a cortar los combates, aun antes de un "K.O.", cuando ven que la puja se desequilibra para un lado severamente.
El montaje en relación al combate que hemos mencionado hizo concurrir a mucha gente al Palacio Peñarol, en un espectáculo que parecía una prolongación del carnaval más largo del mundo, con tamboriles y serpentinas incluidos, contra la austeridad del boxeo serio mundial.
Una sobria, pequeña y robusta morena colombiana, en un "round" y tiempo récord -un minuto y algo- puso fin a la expectativa creada.
El desenlace fue dramático. A la deseable recuperación de la vapuleada púgil compatriota, cabe agregar el deseo de que quienes le impulsan, rodean, y aconsejan, sientan que son parte del "knock out" ocurrido.
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