El Ministerio de Economía y Finanzas ha divulgado los "Lineamientos Básicos para la Reforma Tributaria", caracterizados como "Documento de Consulta Pública". Como señala su introducción, constituye un "informe primario en el que se describen las características estructurales básicas del proyecto de reforma. "La idea central de esta presentación se agrega, "es habilitar la más amplia participación de la ciudadanía, a efectos de que realice todos los aportes y sugerencias que entienda necesarios".
No nos parece inapropiada esa consulta, siempre que esta instancia no afecte el trámite parlamentario constitucional. En los ámbitos del Legislativo se realiza la representación democrática, que no significa un "second best" sino una potenciación de la democracia, en la cual los partidos cumplen su peculiar función y elevan la gestión de gobierno a las perspectivas del bien público y el interés general.
Como entendemos inadecuado separar tajantemente esta consulta del posterior debate parlamentario, adelantaremos algunas opiniones sobre la iniciativa. Nos sentimos consultados en nuestra condición cívica, que es la investidura que más nos enorgullece y que compartimos con todos nuestros compatriotas, en la solidaridad básica de la política oriental.
En cuanto al alcance de los "Lineamientos", nos parece imprescindible subrayar que, aunque primarios y no articulados, contienen una estructura, como se desprende de lo transcrito, y determinan una orientación. Requieren, sin duda, desenvolvimiento, complementaciones, especificaciones; pero no ostentan sino una limitada flexibilidad. De allí que la oportunidad de pronunciarse sobre la esencia de la reforma planteada sea precisamente esta, sobre todo si el juicio acerca de aquella estructura lleva a sostener verdaderas correcciones, no meros ajustes.
Somos, como hemos expresado reiteradamente en los últimos años, entusiastas de una reforma tributaria. Por razones de equidad y de racionalidad. De eficiencia y de estímulo al esfuerzo y a la actitud emprendedora. Nuestros tributos carecen, después de muchas decisiones ocasionales, confusamente acumuladas, de transparencia y de coherencia. Coexisten en el conjunto de ellos los que se crearon con miras largas y los que sirvieron para responder a emergencias y adquirieron luego una estabilidad que nadie justifica. Sinceramiento, justicia y racionalidad se levantan como exigencias perentorias en esta materia.
La reforma definida en el Documento que el gobierno somete a consulta, sin embargo, dista mucho de lo aceptable. Habrá que cambiar apreciablemente el rumbo, para arribar a buen puerto. Por diversos motivos.
El principal de ellos radica en el impuesto a la renta de las personas físicas. En torno a él se despliega toda la estructura que los "Lineamientos" proponen. Identifican cuatro pilares básicos, tres válidos pero muy abstractos (simplificación, racionalización y enfoque dinámico de responsabilidad fiscal) y un cuarto práctico, operativo, funcional: la introducción gradual de aquel impuesto.
Tenemos opinión favorable a esa introducción, que retomaría, notoriamente, un gravamen del cual el país hizo una primera experiencia con los gobiernos nacionalistas de los años sesenta. Ocurre, no obstante, que los "Lineamientos" establecen, para una primera etapa de duración indefinida, la creación no del impuesto a la renta de las personas físicas sino de un impuesto a los ingresos (con abstracción de las cargas familiares y otras circunstancias que fijan la proporción de la renta dentro de la masa del ingreso). Reside allí un facilismo fiscal que redunda en injusticias graves, ya que las tasas del tributo no serían marginales sino, por lo contrario, altas y muy altas. Las necesidades de recaudación no pueden justificar, ni siquiera para un lapso breve, y nada asegura que en definitiva lo sea, este abandono de la equidad, paradójicamente proclamada como un objetivo de la iniciativa. Continuaremos.