Derecho Administrativo. Permanencia - Contemporaneidad -Prospectiva, obra mayor del Prof. Dr. Mariano R. Brito, requiere mucho más que una nota bibliográfica o un comentario jurídico. Merece colocarse en la línea de gestión de Carlos Vaz Ferreira, Justino Jiménez de Aréchaga, Eduardo J. Couture, Raúl Moretti, Enrique Sayagués Laso, Antonio M. Grompone y tantos otros que le imprimieron grandeza al pensar jurídico y cívico de la República. ¿Por qué? Porque cuando recorre tópicos altamente frecuentados, los enfrenta con la frescura original de quien los abordase por primera vez; y porque ataca problemas nuevos abriendo sendas propias.
Cuestiones muy repasadas en Derecho Administrativo, tales como la potestad reglamentaria, el derecho de petición y el control jurisdiccional de la Administración, las encara Brito desde una axiología profunda, con la Constitución en los huesos y desde una mirada institucional y prístina.
Y cuestiones actualísimas, como la descentralización territorial y la temática social y económica, las somete a examen ético y las reconduce a la teoría de la persona, fundándose el autor no sólo en la sistematización tomista de sus preferencias sino también en enfoques no confesionales, como los de Marienhoff, García Maynez y Del Vecchio —estos últimos rescatados de injusto olvido—, recomponiendo la unidad del hombre y la conciencia de los fines, algo que en el Uruguay han olvidado —desgraciadamente juntos— el Estado y los ciudadanos.
En suma: cuando ya clarea el siglo XXI, Mariano R. Brito sintetiza lo que recibió pero no lo reitera. Profesor elevado a Rector, no repite el promedio de lo que opinan los demás: con respaldo, habla por sí. Académico especializado, dice cosas que importan al común, identificando con pulso firme las raíces filosóficas de sus ideas. Cargado de libros, responde con pulso original.
Retoma así una tradición nacional que no sólo se materializó en soluciones constitucionales tan exclusivas del Uruguay como el colegiado, la ley de lemas y las elecciones internas simultáneas en todos los partidos sino que, desde aguas subterráneas, irrigó el proceso moral e intelectual de la República y se constituyó en savia nutricia de sus mejores tiempos.
Esa tradición, que nos perfiló en América, fue pensar creando, engendrando "ideas no pensadas todavía" al decir de Sábat Ercasty en "Cuando seas un alma". De ella nacieron lo mismo las Instrucciones del Año XIII que la Cumparsita, como admirablemente pone de relieve Rosario Infantozzi Durán cuando, en libro y cortometraje, en vez de detenerse a cuantificar el éxito, reconstruye los instantes de fiebre creadora que iluminaron a la persona Matos Rodríguez cuando gestó el tango universal que supo estrenar en la esquina del hoy Palacio Salvo.
Platón enseñaba que la filosofía empezaba en una pregunta básica: ¿qué es esto? La experiencia existencial de los siglos XIX y XX permite colocar al lado, con idéntica promesa de luz, la exigencia de otra pregunta no menos básica: ¿qué hago ante esto? Esa pregunta podemos plantearla a "el colectivo" y hacérnosla contestar por encuestas, bocas de urna y hasta fondos de urna, pero apenas atravesados los mínimos culturales que nos hacen dueños de algún albedrío, debe respondérsela —cada uno en conciencia— como si llevase la humanidad entera adentro, es decir, realizando valores universales.
Por eso, el mensaje de Mariano R. Brito desborda los límites de la cátedra y merece integrarse al ágora, con un "levántate y anda" que, cualquiera sea la ladera de fe o filosofía por la que busquemos ascender, desde hace siglos nos hace elevarnos del mundo de lo que meramente ES a la alta esfera de lo que realmente DEBEMOS SER.