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DESARMADEROS | HAY 20 ENTRE MONTEVIDEO Y LA PERIFERIA, ESTÁN PEFECTAMENTE INTEGRADOS AL MERCADO Y SON REGULARMENTE INSPECCIONADOS POR LA POLICÍA
Hay vida en los cementerios de autos
En Villa García y Barros Blancos están los más grandes. Hay varios en el barrio Colón. Venden chatarra y partes de autos

CESAR BIANCHI

Juan Soria atiende uno de los "cementerios de autos" más grandes del país. El predio es de 170 metros por 80, y hay más de 1.200 vehículos apilados, desde una aplanadora del año 1929 hasta un Fiat Tempra de 2002.

El lugar se llama Desarmadero 21 y está en el kilómetro 21,400 de Camino Maldonado, a la altura de Villa García. Hace tres años que el predio es un desarmadero de autos, antes era un baldío de los tantos.

En la operativa, suelen firmar un documento donde consta que compraron un auto determinado con el fin de desarmarlo. Después le entregan boleta a sus clientes como certificado de la compra-venta. Cuando no venden partes de auto, venden chatarra directamente.

Según fuentes del Departamento de Automotores de la Jefatura de Policía de Montevideo, hay 20 desarmaderos legales en la capital y periferia de Canelones.

El público que visita este tipo de instalaciones es muy variado. "Viene desde el que tiene un cachilito del ’30 hasta el que tiene un auto del 2004. Vienen tanto por repuestos que ya no se consiguen por lo viejos que son, como por otros muy nuevos", dice Soria, de 29 años, el encargado que siempre estuvo "metido entre los fierros".

"Yo vendo piezas de cachilas del ’30 hasta de autos Kía último modelo. Acá viene tanto gente pobre como pudiente. El vicecónsul de Francia venía con sus propias herramientas a rebuscar piezas acá", dice por su parte, Enrique García, propietario de Desarmadero y Depósito 27, a la altura del kilómetro 27 de Camino Maldonado, Barros Blancos (ver nota aparte).

DE TODO. Talleristas y coleccionistas nunca faltan. Los precios son tan variados como la clientela. Un par de butacas, en Desarmadero 21 de Villa García, pueden ir desde los $ 1.000 a los $ 3.000, un parabrisas puede costar $ 600, mientras que una puerta de una cachila vieja puede cotizarse a $ 300 y la de un Nissan de 1998 a $ 25.000.

"Llamamos para averiguar cuánto sale la pieza original y calculamos los precios quitándoles un 40%, más o menos", dijo Soria. El encargado de Desarmadero 21 también confesó que el precio estipulado para cada pieza depende "de la cara del cliente, de si es de acá o es extranjero, de lo que esté dispuesto a pagar".

En medio de la charla, llega un hombre mayor, que viene de Artigas —dice— y pregunta si tienen alguna caja de cambios para un Fiat Europa (o 128) entre toda esa montaña de autos viejos y partes diseminadas por todo el predio. Un trabajador del desarmadero le dice que no, pero se apresta a buscar "por las dudas". Cinco minutos después la caja de cambios salvadora aparece como por arte de magia.

INSPECCIONES. En lo que va del 2004 el Departamento de Automotores de la Policía ha realizado un procesamiento por receptación y otro está en el proceso de presumario en desarmaderos legales capitalinos. En ambos casos, un vidrio con numeración adulterada reveló que se trataba de un auto que había sido robado.

Hay nueve inspecciones diarias por la mañana en talleres generales, dos de las cuales son en desarmaderos, según Wilder Pérez, subcomisario del departamento policial de Automotores. "Con el momento actual abren y cierran todo el tiempo", dijo Pérez. Los inspectores de Automotores certifican que el número del motor sea original, al igual que la numeración de los chasis.

Cada desarmadero, para poder trabajar legalmente, debe registrarse en la sección de Compra-Venta del departamento de Hurtos y Rapiñas de Policía, que a su vez también los inspecciona en procura de detectar reducidores.

Otra es la historia para el caso de los desguazaderos ilegales de autos robados. En lo que va del año el departamento de Automotores ha detectado una veintenta de reductos donde se desguazaban coches robados. Sólo el martes 20 se detectaron tres vehículos a punto de ir a parar a un desguazadero.

Los tableros, los capó de autos y puertas sin vidrios (que por tanto, no llevan identificación) son las partes que prefieren los cacos. "Cuando los agarrás, le preguntás de dónde sacó 15 tableros y 20 volantes, y te dicen que lo compraron en la feria. ¿¡En qué feria van a comprar esa cantidad de partes?!", exclamó el subcomisario Pérez.

Según confesó el jerarca, los ladrones de autos suelen robar gasoleros en procura de los repuestos necesarios para que un tallerista cómplice realice en otro auto el cambio de combustión. "Agarramos a uno que cobraba 600 dólares con mano de obra incluida por un cambio de combustión, cuando en plaza cuesta el doble", cuenta Pérez.

EN COLON. En Autopartes Fabycar hay unos 32 autos viejos totalmente desarmados. Son autos sin puertas, sin ventanas, sin cajas de cambio, sin guardabarros, sin chapa y pintura. Son los vestigios de lo que otrora fueron autos. Hasta hace dos meses y medio atrás el local era un club político.

Está situado en la avenida Eugenio Garzón 1342, vía por la que también hay otros desarmaderos de coches. En todo el barrio Colón hay seis de ellos (sólo en dos cuadras de Garzón hay cuatro). La competencia es amigable: los encargados de cada local recomiendan a sus desarmaderos vecinos cuando ellos no tienen la pieza. "La idea es que no se vayan para el lado de Pando", dice César Agnese, encargado de Fabycar.

Fabián Pereira, de 30 años, es el dueño del negocio. Compra autos enteros en desuso, los desarma completamente y luego vende las piezas por separado. Es mucho más redituable, dice. Mientras que un Volkswagen "Fusca" de 1966 le costó $ 3.000, puede vender un parabrisas a $ 600 o una puerta incompleta (sin vidrios ni maquinarias) a $ 700. De ese "Escarabajo" maltrecho ya comercializó la bomba de freno, los resortes del espolón y el caño de escape. Vendiendo los autos en partes tiene un 50% de ganancia.

Un simple vistazo permite detectar un Subaru 600 del año 1982, un Hyundai Coupé de 1993, un Ford Escort del ’82, varios modelos de Fiat, un BMW 320 del ’79 hasta un Renault Gordini del ’53. Un Fiat Uno del año ’89 le costó $ 4.000 porque lo compró quemado tras un incendio.

Un caño de escape en buen estado puede costar $ 500, los vidrios laterales del auto $ 350 y un carburador $ 450. La clientela está formada por chapistas y mecánicos, aunque también concurre el público en general.

Los que venden sus autos viejos a los desarmadores suelen deshacerse de ellos por abultadas deudas que arrastran (está fundido el conductor) o porque el motor no da más (está fundido el motor).

"Esto es todo legal", aclara Agnese. Firman contratos de compra-venta cada vez que se concreta un negocio y son inspeccionados por el Departamento de Automotores de la Jefatura de Policía de Montevideo.

Los cementerios de autos, como se ve, no son como los de las personas. Cuando se ingresa a ellos todavía hay posibilidades, aunque sea en parte o en partes, de volver al mercado. No es poca cosa.

La amigable competencia de chapistas

José Rodríguez es chapista, está a cargo de automecánica Modelo y esporádicamente ha tenido que recurrir a los llamados "cementerios de autos". Suele trabajar con piezas nuevas, pero "cuando no hay más remedio" ha visitado algún que otro desarmador.

Para Rodríguez actualmente conviene más comprar piezas originales porque no son mucho más costosas que las usadas. Sí vale la pena acudir a los desarmadores cuando se trata de antiquísimos repuestos de autos que casi ya no circulan por Montevideo. "Si se precisa un repuesto para un capó de Chevrolet del 1951, un Opel del ’57, o un Ford Falcon del ’70, ya no se encuentra nada nuevo. Ni siquiera una tapa para valija de un Ford Corcel se puede conseguir en plaza", ilustró.

En esos casos, es recomendable darse un paseo por el barrio Colón, por los desarmadores que están frente al Palacio Peñarol o por la avenida 8 de Octubre hacia Pando. Consultado sobre el nivel de legalidad de este tipo de comercios, el chapista acotó que "hay de todo, como en todos lados. A mí, cuando he tenido que recurrir a ellos, me han dado hasta boleta".

Un guardabarro original de Toyota Hilux puede costar $ 800 —dijo— mientras que en una casa de "autopartes" puede ser más accesible.

CHAPA REY. Varios de los encargados de desarmaderos aludieron a la empresa Chapa Rey, tanto como fuente de precios originales de piezas o ya sea por algún cliente que no encontró la parte auténtica en esta empresa y entonces decide concurrir a los desarmaderos.

"A nosotros nos usan como referencia para una base de precios", admitió Roberto Reigía, de 50 años, director de Chapa Rey. La empresa no le vende a los desarmaderos. "Puede haber un 10% de casos en los que si la pieza no la tenemos, van a un desarmadero, pero muchos van directamente sin averiguar el precio en plaza", dijo.

Reigía comentó que cuando las piezas —ya sea por viejas o por demasiado nuevas— no se encuentran en plaza, el valor de las mismas en los desarmaderos legales crece.

"El arte de los desarmaderos está en conocer bien el metiér", confesó Reigía, quien relativizó la hipótesis de que son lugares a los que apelan aquellos de bajos recursos.

Para él es una cuestión de mentalidad: "Mucha gente prefiere ir a un autopartes y comprar piezas usadas por un 10 o 20% menos. Hay gente que tiene dinero e igual prefiere ir a los autopartes para ahorrarse 50 pesos. Otros, en cambio, dicen ‘ahí no entro ni loco’ porque temen que estén inmersos en la ilegalidad, como los desguazaderos", dijo Reigía.

El director de Chapa Rey contó que los que llaman a su empresa para averiguar precios o qué piezas tienen y cuáles no, lo hacen sin aclarar que están llamando de un desarmadero de autos.

Un "trabajador serio"

"Uruguay es reconocido en el mundo como un país depósito de cachilas y autos viejos", dice Enrique García (60), quien desde hace 25 años es propietario de Desarmadero y Depósito 27.

Cuando se le consulta si el negocio es redituable, contesta con ejemplos elocuentes: viaja una vez por año a Europa y Estados Unidos con su familia y tiene varias propiedades. "Yo tomaba mate con mi mujer y le iba sacando el aluminio a las tapas rosca de algunas botellas de vino", dice.

Para él, lo que ha conseguido con el desarmadero de coches se debe a la seriedad con que asumió la empresa, su solvencia y honestidad. Sabe que muchos de los que pasan por Camino Maldonado a la altura del kilómetro 27 de Barros Blancos miran su enorme predio de autos desguazados con sospecha.

"La Policía está encontrando todo el tiempo autos robados por gente que después se dedica a desguazarlos. Eso ha repercutido en la imagen de los que hacemos las cosas bien", afirma García.

Tiene más de 400 autos y cachilas acumuladas, y también posee otro predio con unos 150 camiones. Envió 500 toneladas de chatarra a la empresa siderúrgica Laisa.

"Todos los días vienen uno o dos brasileños, algún argentino o incluso europeos. Suelen venir a buscar partes de cachilas del ’43 a 1960", se jacta García, en la barbacoa de su hermosa casa, al lado de kilos y kilos de tornillos, puertas, parabrisas, carburadores y trabajadores completamente sucios.


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