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EMPRENDIMIENTO | Una ONG especializada está digitalizando los históricos libros parroquiales; también procuran un lector de microfilmes
Al rescate de los árboles genealógicos
Al prócer Artigas lo bautizaron Josef en 1764 y al caudillo blanco Aparicio Saravia lo inscribieron como Sarabia

CESAR BIANCHI

José Artigas fue bautizado con el nombre Josef, y cuando joven tuvo que pedir una "dispensa" al Obispado de Buenos Aires para poder casarse con su prima. Su partida de bautismo dice: "Día diez y nueve de junio de mil setecientos sesenta y cuatro nació Josef Gervasio hijo legítimo de Dn. Martín Josef Artigas y de Dña. Francisca Antonia Arnat, vecinos de esta ciudad de Montevideo y yo el doctor Pedro García lo bauticé, puse óleo y chrisma en la Iglesia Parroquial de dicha ciudad el veinte y uno del expresado mes y año. Fue su padrino el Dr. Nicolás Zamora".

La partida fue microfilmada en 1991. Su partida de bautismo así como la de Juan Antonio Lavalleja (1784) en una iglesia minuana, la de Aparicio Saravia en 1858 en la Catedral de Melo —en el documento identificado como Sarabia—, su constancia de matrimonio 20 años después, o la confirmación del líder colorado Fructuoso Rivera en 1804 en el archivo de la catedral Nuestra Señora de Guadalupe de Canelones, entre otros, han sido recolectados y digitalizados para mejor custodia del Instituto de Estudios Genealógicos del Uruguay.

Los 50 mil antepasados que tiene cada persona nacida en el siglo XX constituyen las ramas de cada árbol genealógico. El Instituto de Estudios Genealógicos (IEG) está abocado a un proceso de digitalización de los libros parroquiales con el fin de "procurar salvaguardar el patrimonio nacional", según el presidente de la ONG, Enrique Yarza Rovira.

"El instituto se dedica a buscar las raíces genealógicas de la población uruguaya. Trata de nuclear a todos los investigadores y estudiosos de las ciencias genealógicas para contribuir al enriquecimiento del patrimonio cultural de la nación", tal como lo definió Yarza (34).

PAPEL. El Registro Civil uruguayo data de 1879 (decreto ley 1830), y desde entonces cumple el rol de documentar las existencia de las personas físicas. Anteriormente a esta fecha, ese papel lo asumía la Iglesia Católica. Los libros parroquiales guardaban este tesoro olvidado, hasta que el instituto decidió fotografiarlos con cámara digital y llevarlos a CD.

Desde el Concilio de Trento (1545-1563) los sacerdotes católicos están obligados a llevar el registro de los libros parroquiales (bautismos, matrimonios y sus impedimentos, así como defunciones).

En condiciones normales todo ser humano tiene (o tuvo) dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, 16 tatarabuelos y 32 cuartos abuelos. Por esa red de 50 mil antepasados Yarza justifica un pensamiento del experto de las ciencias genealógicas, Ricardo Goldaracena: "La genealogía es la mejor escuela de democracia. Todos somos iguales, tenemos ancestros, una genealogía que nos precede".

Luego de que el Ejército colaborara con la microfilmación de muchos de estos documentos extraídos de parroquias y capillas en 1991, este año el IEG decidió continuar el emprendimiento, esta vez sin ayuda del Estado.

Se han digitalizado libros parroquiales de la catedral Nuestra Señora del Pilar y San Rafael de la villa de Melo (datan de 1797) y de la catedral Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción de Minas (1783). Hay 30 rollos microfilmados de la Iglesia Matriz, desde el siglo XVIII al XX. También hay documentados bautismos, matrimonios y defunciones de la iglesia Nuestra Señora del Carmen de la Aguada (1838-1920), la iglesia de San José (1783) y Trinidad (1803), donde se encontró el certificado de bautismo de Venancio Flores. Hay en total unos 75 rollos microfilmados.

Las partidas conseguidas en la catedral melense fueron digitalizadas hasta el año 1840. Se hizo lo mismo con lo obtenido en el archivo de la parroquia San José Obrero de Treinta y Tres entre 1860 y 1880.

Yarza se lamentó por la ausencia de inventarios de los libros parroquiales. "Hay que comenzar a hacer inventarios, y seguir restaurando los más antiguos", dijo.

El Instituto de Estudios Genealógicos del Uruguay es una organización social sin fines de lucro, creada en 1979 y está compuesta por 45 aficionados honorarios.

Pagan una cuota mensual de $ 65, a lo que se suman aportes individuales "de gente consciente de que están preservando el patrimonio, porque los libros son casi ilegibles".

Hurgan los archivos católicos en procura de partidas de bautismo, de matrimonio en tanto sacramento religioso (hasta 1885 los únicos que podían celebrar enlaces matrimoniales eran los sacerdotes), confirmaciones, "informaciones matrimoniales" cuando un foráneo debía presentar testigos para poder casarse con un lugareño y defunciones. "La única forma de probar que alguien fue nacido aquí antes de 1879 es con su partida de bautismo", expresó Yarza.

OBJETIVO. "Con la digitalización se procura salvaguardar este patrimonio. También difundir la ciencia genealógica, y brindar la información para otros investigadores —antropólogos, sociólogos, historiadores— tengan acceso a este material", dijo Yarza.

Para poder estudiar toda la bibliografía recolectada, el instituto precisa —dijo Yarza— un lector de microfilmes, que cuesta U$S 1.700 más IVA en plaza. Por lo menos, así lo presupuestó la firma Micrográfica Uruguaya S.A.. "No lo podemos costear. Pretendemos que alguna ONG u organismo nos pueda donar el lector microfílmico", deseó el titular del instituto de aficionados a la genealogía.

El presidente del organismo confesó a El País que se han visto "desbordados" por consultas de particulares —cuyos abuelos y bisabuelos fueron inmigrantes—que pretenden conocer su genealogía, para eventualmente emigrar con pasaporte comunitario a Europa.

La falta de tiempo, recursos, el lector de microfilmes y su limitado papel como ONG no les permite atender esas inquietudes. "Somos una asociación sin fines de lucro. No podemos ponernos a investigar casos individuales", dijo.

De todos modos, sostuvo que la genealogía no sólo es útil para ese tipo de casos. "También puede ser clave para resolver sucesiones, o conocer quién es cada uno, y de dónde viene. Es un derecho constitucional", dijo.

El 13 de enero pasado se cumplieron los 150 años del fallecimiento de Fructuoso Rivera, y el 4 de setiembre próximo se recordarán los 100 años de la muerte de Aparicio Saravia. "Los documentos que recogimos de ellos son muy oportunos", sostuvo Yarza.

El responsable de esta organización dedicada al salvataje de una parte olvidada del patrimonio, está convencido del valor de lo que hace, y explica: "La genealogía no es una frivolidad, ni es elitista. Es una práctica democrática. Dentro del universo de nuestros antepasados pueden haber ilustres, del común o de mala vida".

Datos

El Instituto de Estudios Genealógicos del Uruguay no piensa detenerse aquí. Pretende seguir buscando más documentos bautismales en las parroquias del litoral y norte del país, sobre todo Paysandú, Tacuarembó y Rivera.

Se procurará la asistencia de un bibliotecólogo para informatizar la biblioteca, que tiene revistas y libros de historia, genealogía, heráldica y antropología.

Del 17 al 19 de setiembre próximo el instituto celebrará las Terceras Jornadas Uruguayas, llamadas "Prof. Ricardo Goldaracena", en homenaje al experto. El fin de semana coincidirá con el Día del Patrimonio.

Goldaracena, gobernó la institución desde 1979 a 1986, es presidente vitalicio de la institución.

El 25 de setiembre se llevarán a cabo las Primeras Jornadas Indigenistas de Genealogía, en la localidad de Villa Soriano. Así se festejarán los 25 años del instituto.

La ONG se reúne los últimos jueves de cada mes, a las 19 horas, en Convención 1366 piso 3 de la galería Caubarrere, en la sede del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay.

El instituto se encuentra abocado a la confección de una página web: http:// webs.montevideo.com.uy/iegu.

El instituto cuenta con una importante filmoteca, única en el país, que atesora la microfilmación de los libros de bautismos, matrimonios y defunciones de los siguientes archivos parroquiales: Catedral Metropolitana (1727), Aguada (1838), San José (1783), Minas (1783), y Porongos, Flores (1803).

Los abuelos de Artigas

En 1955 el presidente argentino Juan Domingo Perón mandó quemar varias iglesias en su país. Esta decisión provocó que se perdieran varios libros parroquiales que contenían documentos de bautismos, uniones matrimoniales y defunciones.

Estos documentos databan de 1611, cuando la entonces Banda Oriental formaba parte del Virreinato del Río de la Plata.

En esos fuegos se perdió el documento que certificaba el nacimiento de la abuela del Prócer José Gervasio Artigas, doña Ignacia Javiera Carrasco y Melo-Coutinho, que luego llegó a estas orillas junto a su marido Juan Antonio Artigas, procedentes de Buenos Aires.


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