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Joven Desaparecida | No hubo pedido de rescate hasta el momento. | A la Policía le llama la atención que un solo individuo haya planeado y ejecutado la acción
La débil tesis de un solitario captor, única pista policial
Los datos aportados por el único testigo ocular son los elementos más firmes que tienen los investigadores

RENZO ROSSELLO

EDUARDO BARRENECHE

A las 8.20 de la mañana fue el último contacto de la joven al teléfono de una amiga. La adolescente había salido de su casa en pleno Carrasco en la moto scooter para dirigirse al American School. Pero en las cercanías de su casa, en la cuadra de Yamandú Rodríguez entre Boston y Basilea, una camioneta Fiat Fiorino de color blanco la encerró y la chocó para hacerle perder el equilibrio. Un hombre joven que bajó de la camioneta la inmovilizó rápidamente, la introdujo en el vehículo y partió a toda velocidad.

La Policía investiga el caso como un "presunto secuestro", aunque no hay pedido de rescate, ni negociaciones con él o los captores de la chica.

La víctima tiene 15 años, hija de un alto ejecutivo de la banca privada que llevaba, hasta ayer, una vida apacible en la zona más residencial de Carrasco.

Los datos más firmes sobre la forma en que ocurrió el hecho y la descripción del captor provienen de un solo testigo. De todas formas, los investigadores son cautos al tomar en cuenta el testimonio de este hombre ya que entienden que "pudo no haber visto bien, ya que estaba muy nervioso".

El ministro del Interior, Guillermo Stirling, se mostró profundamente preocupado "por el drama humano que está viviendo esta familia". El secretario de Estado observó que "a este panorama se agrega la falta de una solicitud de rescate, como es habitual en casos de secuestro, lo cual crea una gran incertidumbre sobre la verdadera naturaleza de este caso".

En este sentido, coincidió el director de Investigaciones de la Jefatura, el inspector Eduardo Tellechea al calificar el episodio como "un hecho confuso". "Si nos atenemos a los datos que tenemos hasta ahora", dijo el jefe de investigadores, "no hay un pedido de rescate, o algún tipo de contacto con la familia que nosotros sepamos".

El veterano investigador policial comentó que le llamaba la atención que hubiera actuado tan solo un hombre en la aprehensión de la joven. Estos elementos fueron relevados del testimonio de un vecino que presenció el hecho y que proporcionó el número de matrícula de la camioneta.

INVESTIGACION. El equipo al mando del subcomisario Angel Rosas, jefe del Departamento de Delitos Complejos de la Dirección de Investigaciones, ni siquiera pudo ir al acto central del Día de la Policía. Desde las 8.30 de ayer trabajan sin pausa en el caso. Tanto el propio Rosas, como otros dos oficiales del departamento recibirían sendas condecoraciones por su destacada labor en el año.

"Apenas tuvimos el dato de la matrícula de esa camioneta empezamos a rastrearla", dijo a El País el inspector Tellechea, "pero pudimos comprobar que era falsa".

Entre los policías a cargo de las investigaciones reina un clima de concentrada tensión. Todos los policías de Delitos Complejos saben que no podrán regresar a sus casas hasta que aparezca el primer dato firme que los conduzca hasta el autor del hecho.

Sobre las 21.30 El País consultó al jefe de Policía, José Pedro Delgado, acerca de la marcha de las investigaciones hasta el momento. "Estamos haciendo todo lo posible por aclarar esto, no hay medida que ya no se haya tomado, lamentablemente sólo nos resta esperar", dijo el inspector Delgado.

Hay algunos elementos que llaman poderosamente la atención de los policías. "No decimos que no sea posible, pero cuesta pensar que un solo hombre pueda haber planeado y ejecutado esto", puntualizó por su parte Tellechea. El caso es que tampoco hubo pedido de rescate hasta pasada la medianoche.

Otro elemento manejado por los investigadores tiene que ver con las llamadas que, subrepticiamente, la jovencita consiguió hacer a través de su teléfono celular hasta que fue descubierta. Cerca de una veintena de llamadas fueron hechas cuando la joven accionó los números archivados en la memoria del celular.

TESTIMONIO. "Eh, eh, qué están haciendo", gritó un hombre mayor al ver que un sujeto forcejeaba con la chica y la obligaba entrar en una Fiat Fiorino blanca.

"No te metas, no te metas", respondió el individuo en tono amenazante.

Este diálogo, narrado por el testigo a un policía, habría ocurrido alrededor de las ocho de la mañana de la jornada pasada.

Todas las mañanas, el hombre mayor toma su silla predilecta de hierro, de color blanco, y se sienta frente a su casa. Cuando llegó la Policía y comenzó a trabajar en la escena del hecho, el hombre seguía sentado en la misma posición, narró a El País otro vecino.

Lo que este hombre vio es ahora clave para los investigadores, aunque se toma con cautela los datos que en el difícil trance el vecino logró anotar.

SIMPATIA. La chica desaparecida era muy conocida en el ambiente adolescente de Carrasco. Tras salir del liceo, hacía kilómetros en su scooter negra por las calles del barrio.

"Vivía encima de esa moto dando vueltas", relató una de sus amigas.

No era una chica deslumbrante, cuentan sus amigos, aunque sí de atractivo y con gran simpatía.

Menuda, flaquita y con el pelo castaño, se la veía salir todas las mañanas a las 7.45 horas para ir al Colegio Americano. En escasos minutos, recorría las 30 cuadras que separaban Carrasco de esa institución educativa, ubicado al norte de Avenida Italia detrás de la sede del Laboratorio Tecnológico del Uruguay (Latu). "Siempre salía a la misma hora", relató un guardia de seguridad de una agencia que custodia las manzanas donde ocurrió el hecho.

El supuesto secuestrador no tenía muchas opciones para apoderarse de la adolescente, con excepción de la metodología utilizada. La casa de la chica está muy bien custodiada y, desde la calle, parece inaccesible para un delincuente.

Otro tanto ocurre con el colegio al que asistía. Rodeado de valla perimetrales de unos tres metros, unos guardias de seguridad controlan, desde una cabina con buena visibilidad, el ingreso de cualquier intruso a la institución. En la mayoría de las oportunidades, la adolescente regresaba de clases con su mejor amiga a grupas, algo que seguramente obstaculizó a sus raptores.

A las 17 horas de ayer, cuando el sol se colaba por las hojas de los árboles ubicados al costado de la calle Yamandú Rodríguez, dos adolescentes amigos de la joven, Enrique Etchegorry (16) y Juan Martín Gerona (17) llegaron al mismo sitio donde habían presuntamente secuestrado a la adolescente.

"La conozco desde hace mucho tiempo de la vuelta por este barrio", explicó Enrique.

La chica es una persona muy sociable. En sus días libres, a partir de las 13 horas se "caía" por la Plaza de Lieja, popular punto de encuentro de los jóvenes de Carrasco. Allí se congregan adolescentes cuyas edades oscilan entre 13 y 18 años.

Matean, bromean y preparan la agenda del viernes o el sábado por la noche. La mayoría, cuentan los jóvenes, apuesta por W. Xenux, la discoteca que funciona en W. Lounge, pero solo para mayores de 15 años. Otros prefieren New York. La desaparecida era una asidua concurrente de W. Xenux, según unas amigas que visitaron ayer su casa para solidarizarse con la familia.

En los últimos meses, se había ennoviado con un jovencito a quién conocía desde hace un buen tiempo del barrio, dijo una adolescente familiar del muchacho.

Entre las fantasías manejadas por vecinos y amigas se desprenden que el supuesto secuestrador habia pedido un rescate de 50 mil dólares; la chica había sido raptada por tres personas y que los captores habian golpeado al testigo cuando este intento intervenir.

El fallido secuestro de García Riccio

El año pasado un caso de secuestro puso en vilo a las autoridades. Hacía cuatro años que no se registraba un caso de esta naturaleza, infrecuente en el país por otra parte.

Sobre las primeras horas de la mañana del 19 de julio del año pasado el empresario César García Riccio desapareció misteriosamente a pocas cuadras de su casa. Dentro de la camioneta la Policía encontró una nota en la que se pedía 200 mil dólares de rescate.

Mientras la Policía desplegaba todas sus fuerzas en la ciudad, buscando pistas, siguiendo denuncias anónimas, García Riccio se debatía amordazado, maniatado y con los ojos vendados en algún sitio remoto. Unas 14 horas después el propio empresario logró zafarse de sus ataduras y salir al exterior de la modesta vivienda en la calle Teodoro Fells, en Manga. Días después los investigadores capturaron a sus captores, un ex socio y su hijo que pretendían vengarse del comerciante.

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