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LENGUAJE | Un millar de palabras típicas del habla nacional, forman parte de la nueva edición del diccionario de la Real Academia
Mil uruguayismos y no es macana
Ahora el mundo sabe que "olímpico" es también un emparedado de tres capas relleno de jamón y otras delicias

CARINA NOVARESE

No es cuestión de abatatarse, quedarse en casa bajo el acolchado y lastrar un buen bizcochuelo cuando arrecie la fiaca". Cualquier maestra o profesor uruguayo se horrorizarían con la oración repleta de palabras difíciles de definir: vulgares, lunfardo y tantos otros nombres. En la Academia Nacional de Letras del Uruguay, sin embargo, nadie se asombra ante tanto uruguayismo. Y tampoco hay sorpresa en la Real Academia Española, que incluyó en su último diccionario (edición 2002) un sinfín de uruguayismos; estos son sólo algunas de las 1.000 palabras "del Español del Uruguay" que forman parte de un libro editado en 1998 y que ahora será publicado nuevamente por Banda Oriental.

Para José María Obaldía, presidente de la Academia Nacional de Letras, uruguayismos hubo siempre, desde el inicio mismo de la nacionalidad. "Tenemos que emparentarlos con un propósito que es casi fundacional de la Academia Nacional de Letras. Desde que los uruguayismos comenzaron a existir, no sabemos bien cuándo, empezaron a definir un perfil nuevo para el español que se hablaba acá, que se supone era la repetición de lo que oíamos de los españoles en la época de la conquista".

Apenas llegó a la Banda Oriental aquel castellano puro, nacido en la madre patria, se le empezaron a incorporar palabras propias del lugar; las primeras fueron los nombres de elementos o cosas que para los españoles eran desconocidos. Algunas de esas nuevas palabras comenzaron a legitimarse, simplemente con el uso y la repetición.

Tal como dice Obaldía, en el lenguaje es vital el tiempo y el espacio. "Cuando pasa el tiempo y una palabra permanece en un lugar, y esa área de uso incluso empieza a extenderse, la palabra se hace legítima".

Por eso el profesor Obaldía cree que es casi imposible decir nunca que un término es correcto o incorrecto. En el libro "1000 Palabras del Español del Uruguay", muchos vocablos son reconocidas como uruguayismos por ser parte del habla común y corriente; sin embargo, muchas de ellas no son apropiadas para utilizar en el lenguaje escrito, o por lo menos en el lenguaje escrito académico. "Abombado", "gil", "gilastrún", "nabo", "jeringa", "garronero", "fifí", "chitrulo", "terraja", son algunas de las decenas de palabras que se utilizan en el lenguaje diario como pseudo insultos. Todas forman parte de las "1.000 palabras del Español de Uruguay", aunque casi ninguna de ellos tuvo aún el "honor" de ingresar a la Real Academia.

ARBITRARIO. Para la doctora en letras Graciela Barrios, directora del Departamento de Psico y Socio Lingüística de la Facultad de Humanidades, "los uruguayismos son las formas que la Real Academia Española considera que no son propias de la norma lingüística peninsular". Para ella es necesario considerar que la Real Academia es una institución de carácter normativa, que por lo tanto no necesariamente está cerca de la realidad lingüística

"Está la lengua que la gente usa, que tiene gran variabilidad porque depende de la región, la clase social, la edad y hasta el sexo de los hablantes. Sobre esa lengua usada se ha impuesto una variedad que se llama la lengua estándar, que tiene como referencia lo escrito, los modelos literarios clásicos y la institución reguladora, que es la Real Academia", explicó Barrios.

Para la profesora universitaria el hecho de que la Academia identifique uruguayismos u otros ismos, implica que estima que esas formas no coinciden con las consideradas de uso culto en el español de España.

"Decimos que se habla mal cuando aparece una palabra nueva que nos resulta extraña y por eso la rechazamos. Pero las palabras irrumpen. El caso más corriente se da en los medios: un periodista o un entrevistado sale con una palabra extraña, o que sabemos que es extranjera, y decimos que está hablando mal", dice Obaldía. Sin embargo, advierte, ese término al principio raro, puede afincarse con el tiempo —también desaparecer— e incorporarse a la lengua.

Los uruguayismos, como todos los "ismos", pueden ser palabras que originalmente nacieron en el territorio en cuestión, pero también pueden ser préstamos del idioma original que luego toman un significado que no tenían antes en el lugar de adopción. Identificar las palabras que realmente nacieron y se desarrollaron en Uruguay, no es tarea fácil, explicó Obaldía. "Se habla de botija y de alguna más, pero es muy complicado determinarlas. Incluso si pudiéramos hacerlo la lista sería muy acotada", dijo.

Para Barrios, en tanto, una de las principales razones por las cuales surgen palabras, ya sean o no uruguayismos, es la necesidad comunicativa: cuando hay nuevas situaciones comunicativas hay que definirlas como se puede, a veces recurriendo a préstamos. Otra de las razones, explicó, es la necesidad de expresar de una manera particular la identidad de la región. "A veces existe la palabra española para definir algo, pero no la usamos porque preferimos una innovación, una palabra que me defina como grupo o como uruguayo, por ejemplo".

USO Y ABUSO. Como la lengua en general, la aparición y desaparición de uruguayismos es muy dinámica. Obaldía da el ejemplo del muy uruguayo "¿viste?". "Hasta no hace más de tres años era imposible oír hablar a alguien que no dijera ‘viste’. Ahora casi ha desaparecido. Quiere decir que si nos hubiéramos apresurado a decir que teníamos una palabra nueva, habríamos perdido tiempo porque no tuvo vigencia. ¿Quién determina la muerte de una palabra? Nadie. Solo el uso".

En la creación de uruguayismos, los jóvenes siempre tuvieron un papel preponderante. En ese medio, paradójicamente, las "nuevas" palabras suelen desaparecer rápidamente porque su función es justamente hacer del lenguaje algo privado y diferente al resto. Cuando ciertas palabras de moda entre los jóvenes sobrepasan las fronteras de ese grupo, dejan de ser exclusivas y por lo tanto, son sustituidas por otras nuevas.

"Es una búsqueda de hacer al lenguaje privado, sobre todo para que los adultos no lo comprendan o no lo compartan", dijo Obaldía. Es así como de cada generación joven quedan palabras que fueron en su momento exclusivas de la juventud: "bochar", provocar la pérdida de un examen, forma parte de las "1.000 palabras...." y sin embargo en su época "paró los pelos" de los adultos, al igual que hoy paran los pelos los tantos términos inventados o adaptados por los adolescentes.

Sobre las palabras de los jóvenes, la doctora en letras Graciela Barrios considera que tienden a no consolidarse, porque si lo hacen dejan de ser "exclusivos" del grupo y ya no cumplen el objetivo para el que fueron creados.

PROCESO. El camino desde el lenguaje oral hacia el escrito y, más aún, hasta llegar al diccionario de la Real Academia Española, suele ser largo; los mecanismos para que un uruguayismo llegue a este enorme libro de las letras españolas, no son siempre los mismos ni están totalmente definidos.

La inclusión de más de 1.000 uruguayismos –hasta ahora nadie ha incurrido en el enorme trabajo de contar cada una de las palabras que figuran como tales– en la última edición del diccionario de la Real Academia, fue facilitada por la publicación, en 1998, del libro "1.000 Palabras del Español del Uruguay". Para llegar a este publicación, la Academia Nacional de Letras mantuvo "el radar abierto a los cuatro vientos", según Obaldía. "El departamento de investigación prestó y presta atención a cualquier expresión escrita en la que se asienten uruguayismos", dijo.

Desde que se creó la Academia Nacional, en 1943, comenzaron a registrarse uruguayismos; muchos, pero no todos los "miles" que existen, según Obaldía, están en el pequeño libro. El objetivo ahora es publicar el próximo año el primer "Diccionario del Español del Uruguay".

Con el libro "1.000 Palabras..." en sus manos, la Real Academia tuvo un asiento claro de uruguayismos, muchos de los cuales incorporó en su última edición. Algunos de ellos son: "acolchado", "jeringa" (por persona enfadosa), "falluto" (por persona traidora), "bochar", "bizcochuelo", "garrapiñada", "gasolero" (por vehículo que funciona a gas oil), "olímpico" (emparedado en triple capa de pan de molde sin corteza, relleno de jamón, queso, huevo duro, lechuga, tomate y mayonesa). Los académicos españoles olvidaron varios clásicos, entre ellos el "chivito", la comida típica de los bares uruguayos.

Si bien el diccionario de la Real Academia ahora incluye muchos uruguayismos, lo que de una u otra forma le da cierta cuota de legitimidad al uso de estos vocablos, Obaldía se encarga de aclarar que "el diccionario autoriza pero no desautoriza lo que no incluye".

Favoritos y detestados de la lengua

n El lenguaje de todos los días está repleto de uruguayismos que también los comunicadores y escritores, entre otros, utilizan. Orlando Pettinati, el conductor de "Malos Pensamientos", tiene sus uruguayismos preferidos, aunque también dice detestar varios. Entre estos últimos, "paisito" es el que le merece mayores críticas: "es una palabra que detesto tremendamente. No sé por qué la gente le llama a Uruguay paisito cuando hay países más chicos que nosotros y más productivos. Pretende ser cariñosa y termina siendo despectiva", dijo Petinatti.

El comunicador tampoco usa los clásicos uruguayos "botija", "gurí" o "ta". En cambio se adhiere a términos tales como "laburo" y no puede evitar el "boludo". Aunque Petinatti y casi todos los uruguayos piensan que es un argentinismo —o "porteñismo"—, en el diccionario de la Real Academia figura como uruguayismo o peruanismo.

Petinatti cree que en el futuro habrá nuevos uruguayismos y el más cercano será "peiranizar", cuyo significado define como "jopear la guita del otro".

El escritor y comunicador Mauricio Rosencof, en cambio, es fan declarado de miles de uruguayismos y sobre todo de los términos del lunfardo, al punto que llegó a escribir poemas del lunfardo. Entre sus uruguayismos favoritos se cuenta "carcamán", "calandraca", "cambuza", "pichi", "chorro", "furca", "cachafaz", "chanta", "cachador", "catramina", "terraja", "palurdo", "garronero", "chitrulo" y "paparulo". Solo para empezar. Para quien se pregunte qué significa "furca", Rosencof explica que se trata de un "chorro de los de antes, más decente, que atracaba a una persona pegándole una piña, sin usar armas".

La guerra contra los anglicismos

n El escritor y premio Nobel portugués, José Saramago, está preocupado por el ingreso constante de palabras inglesas a la lengua española. "El inglés ocupará el lugar que nosotros le dejemos vacío y lo que ocurre en la sociedad contemporánea es que se están creando espacios en blanco. En nuestra lengua sólo permanecerán las palabras que se consideren necesarias", afirmó recientemente. "Estamos aprendiendo más y mejor las lenguas ajenas que nuestra propia lengua materna. Si algún día llegamos a perder nuestra identidad lingüística, no tendrá la culpa el inglés, sino nosotros".

"Nosotros creíamos que para expresar la complejidad de los sentimientos necesitábamos palabras y más palabras; sin embargo, no hay más que estudiar los dialectos indígenas en peligro de extinción. En la Amazonia, los indios tenían diez, quince, treinta palabras para designar el color verde y nosotros (¡pobrecitos!) no tenemos más que verde claro, verde oscuro, verde que te quiero verde...", ironizó Saramago.

"Si bien no se ha declarado una guerra abierta, la lengua se encuentra en un combate sin cuartel", aseguró el escritor. Saramago pidió a académicos y literatos, quienes, según dijo, "hacen lo que pueden para frenar la marea de vulgaridad de la que está siendo víctima el lenguaje", que "no sean una isla de corrección" ni permanezcan con los brazos cruzados esperando el cambio.

"Desde que las insignias se llaman ‘pins’, los homosexuales ‘gays’ y los repartos de cine ‘castings’, este país ya no es el mismo. Es mucho más moderno", ironizó.

Para el uruguayo José María Obaldía, sin embargo, el ingreso masivo de anglicismos no es tan preocupante porque casi siempre se adaptan a la realidad del lenguaje que los recibe. Eso sucedió, desde su punto de vista, con el gran caudal de palabras referidas a la informática que ingresó hace unos años. "Ahora sin embargo, es común escuchar hablar de ‘ratón’ y no de ‘mousse’. Esas son fisuras a los anglicismos", explicó

Lo mismo sucedió con el tiempo en lo que refiere a los términos relativos al fútbol; cuando éste ingresó a Uruguay, todos los términos eran ingleses. Pronto el "goalkeeper" se transformó en "cuidavallas" y al final terminó como el "arquero" o "golero", así como el "back" terminó en "defensa" o "zaguero". "Esa es una muestra de emancipación", dijo Obaldía.

Diccionario:

Abombado. Tonto, inepto

Acolchado. Cobertor de abrigo relleno de lana o algodón, plumas, material sintético, etc.

Acomodo. Arreglo generalmente fraudulento de situaciones en favor de determinada persona o entidad.

Apolar. Dormir

Babosear. Destratar, humillar. Hacer demostraciones de obsecuencia excesiva.

Bagayero. Contrabandista. Vendedor de productos de contrabando,

Bagre. Mujer fea.

Bichicome. Persona marginada, sin domicilio ni hábitos de trabajo e higiene.

Bizcochuelo. (De bizcocho). Torta esponjosa que se hace con harina, azúcar, huevos muy batidos y, a veces, leudante.

Bolche. (Apócope de bolchevique) Que pertenece o se relaciona con la fracción política uruguaya denominada Comunista del Uruguay.

Botija. gurí

Buseca. Guisado de mondongo con papas y porotos de manteca.

Chanchita. Alcancía. Camioneta cerrada utilizada por la policía para el transporte de sospechosos o presos.

Encachilarse. Confundirse, obnubilarse. Encapricharse, obstinarse.

Encamarse. Acostarse con alguien para disfrutar de los placeres sexuales.

Escrachar. Romper, destruir, quebrar, aplastar. Fotografiar a una persona.

Fangote. Gran cantidad de dinero

Fiaca. Hambre.

Finoli. Fino, delicado.

Flauta. Pan de harina de trigo, de forma alargada.

Fletar. Rechazar o expulsar a alguien de un lugar, una reunión, etc.

Frankfurter. Embutido del grosor de un dedo, de carne vacuna cocida y sazonada, que se come caliente.

gagá. Reblandecido, senil.

Gaita. Gallego. Por extensión, cualquier español.

Garronero. Pedigüeño, aprovechador.

Garufa. Parranda, farra, diversión.

Gilún. Muy tonto.

Guambia. Voz de alerta, cuidado o prevención.

Guarango. Incivil, maleducado, descarado.

Gurí. Hijo de corta edad. Niño.

Jabón. Miedo, susto.

Jeringa. Persona molesta.

Judiada. Maltrato o mortificación intencionales.

Junar. Mirar con determinada intención.

Lambeta. Goloso.

Lastrar. Comer.

Lomo. Físico muy desarrollado.

Luca. Billete de mil pesos.

Macana. Desatino, embuste, desacierto de palabras o de hecho.

Machete. Avaro, mezquino

Macanudo. Bueno, excelente, útil.

Malevo. Pendenciero, valentón, arrabalero.

mangar. Pedir dinero prestado.

Marote. Cabeza humana.

Matufia. Enredo, negocio sucio o engañoso.

Mersa. Persona o conjunto de personas de baja jerarquía social.

Morfar. Comer, engullir.

Nabo. Tonto, ingenuo, cándido.

Pajuerano. Campesino, dicho por la gente de la ciudad, como burla.

Pingo. Caballo de montar de excelentes condiciones.

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Hay muchos uruguayismos y es bueno conocerlos